El asesinato, confirmado por fuentes oficiales, del secretario del Consejo de Seguridad Nacional iraní, Ali Larijani, ha desatado numerosas especulaciones en los medios occidentales sobre las consecuencias que su desaparición puede tener para el régimen. 24 horas después de que el gobierno israelí anunciase la muerte de Larijani, las autoridades iraníes todavía guardaban silencio mientras una agencia semioficial —Tasnim— publicaba una carta manuscrita del propio Larijaní fechada el 16 de marzo, para probar que seguía vivo.
Larijani era el ‘hombre fuerte’ del régimen, más allá del ayatolá Jamenei, y uno de los políticos más experimentados de Irán. Sus funciones se centraban en la gestión del aparato de seguridad y la coordinación política, diplomática y militar del régimen teocrático.
Todo ello, además de la solida relación diplomática y de cooperación que construyó con las autoridades chinas, según fuentes oficiales consultadas por DiplomacyNews, hacen que Larijani fuera un objetivo principal para las fuerzas israelíes, ya que se trata de un sólido pilar del régimen. Y, en el caso de su relación con China, podría suponer un intento de romper cualquier posible alianza entre ambos países. Las fuentes consultadas no se pronunciaron al respecto. “No es descartable ningún motivo”, dijeron los interlocutores consultados.