España y México, el Sistema Iberoamericano necesita su alianza ante la Cumbre de Madrid

El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa; el Rey de España, Felipe VI; el presidente de Ecuador, Daniel Noboa; y el presidente de Andorra, Xabier Espot, con el presidente de la ONCE, Alberto Durán./ Foto: ONCE

El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa; el Rey de España, Felipe VI; el presidente de Ecuador, Daniel Noboa; y el presidente de Andorra, Xabier Espot, con el presidente de la ONCE, Alberto Durán./ Foto: ONCE

Si hay que revitalizar las cumbres iberoamericanas, no se podrá hacer sin México. El país que acogió la primera de esta reuniones en Guadalajara hace 35 años ha sido siempre, con España, un pilar esencial para mantener viva una organización —tambaleante, en los últimos años— que en muchas ocasiones ha servido más para airear rencillas y viejas enemistades que para crear una verdadera comunidad de intereses compartidos.

Hagamos un poco de historia. A principios de los años 90, España recuperaba su papel en la escena internacional mientras México vivía unos años de bonanza económica. Para ambos países era buena idea agrupar a todo el continente iberoamericano en torno a una especie de ‘Commonwealth’, al estilo británico, que dinamizase las relaciones políticas pero sobre todo las económicas.

Los primeros años pintaron prometedores. La joven comunidad iberoamericana ilusionaba a sus integrantes y proporcionaba un marco de lanzamiento para las empresas españolas —sobre todo, pero no las únicas— que comenzaban a entrar en las economías latinoamericanas aportando al mismo tiempo desarrollo y servicios. 

Todo funcionaba, dentro de lo previsible, hasta que llegaron los choques ideológicos —que redujeron poco a poco la asistencia de líderes, en lo que cada vez parecía más un patio de colegio— y la gran crisis de 2008, a partir de la cual la asistencia a las cumbres ya no superó nunca los 16 mandatarios, de 22 posibles. Será difícil superar el récord absoluto negativo marcado en la Cumbre de Cuenca (Ecuador, 2024), a dónde solo acudieron 4 jefes de Estado o de Gobierno (ver la foto que ilustra este artículo).

La gira que ha llevado al ministro José Manuel Albares esta semana a Puerto Rico, República Dominicana y México tenía, por tanto, un objetivo muy claro y fundamental para la política exterior de España. Se puede decir que, al menos en parte, lo ha conseguido.

En parte, digo, porque la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha recibido al canciller español apenas unos días después de asistir en Barcelona a la ‘cumbre progresista’ de Pedro Sánchez. Y también ha agradecido las palabras del Rey sobre los ‘desmanes’ de la conquista. Y se puede decir que México y España están en camino de arreglar lo que comenzó a romperse con Andrés Manuel López Obrador. Eso es un gran logro, sin duda.

Y si España necesita a México, tambien México necesita a España cuando, entre otras cosas, comprueba a diario que en su frontera norte ya no tiene a un socio comercial, sino a un matón que basa en la amenaza y la fuerza cualquier relación exterior. El Gobierno de Pedro Sánchez ya se ha mostrado como el más crítico de los europeos con la Administración estadounidense. Y en la reunión de Barcelona se ha podido ver que la sintonía entre ambos ejecutivos se va afianzando.

Pero Sheinbaum no ha confirmado que asistirá al cónclave de Madrid. Ciertamente, todavía es pronto, como ha señalado el jefe de la diplomacia española. Y tiene razón. La Cumbre de Madrid, la trigésima del calendario iberoamericano, se celebrará los próximos 4 y 5 de noviembre y aún queda tiempo. Y el problema es que en esas mismas fechas también se celebra la Cumbre de APEC. Y la mandataria ya ha manifestado su intención de ir porque China es prioritaria para México. Por ello, hay que ver como un éxito diplomático la gira de Albares, pero queda trabajo para que, por lo menos, la representación mexicana sea del máximo nivel posible.

Porque más allá de la asistencia de los mandatarios, hay algo que necesitan estas cumbres —la Comunidad Iberoamericana— con urgencia: contenidos. Contenidos de verdad. Si los equipos  diplomáticos que preparan las reuniones tienen que seguir haciendo gala de una imaginación sin límites para dar un lema a cada cumbre, esto no podrá durar mucho más tiempo.

Simplemente echemos un vistazo a los lemas que aparecen en esta lista y contemos cuantas veces se incluyen los conceptos ‘inclusión’, ‘sostenibilidad’, o ‘educación’, por ejemplo, para comprobar que las cumbres iberoamericanas se han convertido en un foro sin sustancia. Porque esos conceptos, muy loables todos ellos, escasísimas veces han ido acompañados de un compromiso político firme y muchísimas menos de un sólido respaldo económico. Eso sí, los lemas han quedado bonitos. Nada más.

Un rápido repaso a los logros consistentes de las cumbres hasta ahora nos deja claras sus carencias. Desde 1991, los países iberoamericanos han creado la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y otras secretarías multilaterales; han puesto en marcha Ibermedia (cine), las Iberorquestas Juveniles y los bancos de leche humana. Se han producido algunos avances en políticas de igualdad de género, movilidad académica —quizá es donde más se ha notados, en los intercambios de estudiantes y profesores— y protección de grupos vulnerables; se ha potenciado la fuerza compartida de los idiomas español y portugués; se ha impulsado la cooperación científica y educativa de redes universitarias y de investigación entre las regiones;  y se ha impulsado la excelencia empresarial mediante el Premio Iberoamericano de Calidad.

Así que llegados a este punto, España, que aporta aproximadamente el 60% del coste de mantener todo este entramado, no se puede permitir el lujo de dejar morir a su criatura. Pero tampoco puede dejar que siga viviendo en estas condiciones, cercanas al encefalograma plano.

Sobre todo porque el Sistema Iberoamericano de naciones ya demostró que podía dinamizar las relaciones económicas entre los países a ambos lados del atlántico, a los que desde hace años se añaden Filipinas y varios estados africanos. Sin embargo, no se ha logrado aglutinar una comunidad económica cooperativa que se extienda más allá del sector servicios.

Hablamos de recursos minerales y energéticos, de tierras raras, de materias primas por las que apuestan fuerte desde hace tiempo China, Rusia o Estados Unidos. No se puede competir directamente contra los gigantes, pero España puede tener la oportunidad de establecer un sistema de colaboración en el que tambien debe estar muy interesada la Unión Europea.

La nota del Ministerio de Exteriores subraya en todo momento que “a través de esta gira, Albares tendrá la oportunidad de trasladar la importancia que América Latina y el Caribe tiene para España, una región hermana, con una lengua compartida y profundos vínculos históricos, políticos, económicos y culturales”.

Es cierto, todo eso y más. Pero tambien es cierto que hablamos de economía. Y aquí no hay amigos cuando se trata de competir por recursos, por contratos. Lo que hay, debe haber, son propuestas que aporten valor añadido a la contraparte. Por ejemplo, ¿hablamos de materias primas o de productos manufacturados?

“Iberoamérica. Juntos construimos nuestra Comunidad. Juntos la proyectamos hacia el futuro y hacia el mundo”. Ese es el lema de la próxima Cumbre de Madrid. ¿Significará un nuevo impulso para Iberoamérica, un cambio de rumbo beneficioso para todos? ¿Nos podemos quedar una vez más fuera de juego? La gira de Albares es un primer paso en la dirección correcta. Pero queda mucho trabajo por hacer.