Los países africanos lusófonos quieren participar en las Cumbres Iberoamericanas

Corral de Comedias de Almagro./ Foto: Junta de Castilla-La Mancha

Hace tiempo que en el entorno de las Cumbres Iberoamericanas ronda la idea de ampliar el espacio de esta comunidad a los países africanos lusófonos o hispanoparlantes. La precursora de la iniciativa, Guinea Ecuatorial, ya comenzó a solicitar su admisión hace más de 10 años, con escaso éxito y pocas explicaciones. 

Sin embargo, en los tiempos que corren cobra sentido hablar de una comunidad mucho más amplia, que daría acceso a representantes de cuatro continentes, si se tiene que la ampliación abarcaría Timor Oriental (Asia) y los estados lusófonos africanos —Angola, Cabo Verde, Guinea Bissau, Mozambique y Santo Tomé—, ademas de Guinea Ecuatorial. 

Muchos de estos países africanos se proponen pedir la membresía, según ha podido saber DiplomacyNews de fuentes diplomáticas. No entienden qué motivo puede haber para que la Comunidad Iberoamericana de Naciones no se plantee su admisión, ya que los siete cumplen claramente con el requisito fundamental para ser miembros del club: tener como lengua madre el español o el portugués.

Hay un segundo requisito, en este caso geográfico, que especifica que los estados miembros deben ser europeos o americanos. Pero eso no debería ser un problema si nos fijamos en que desde 2007 (Cumbre de San Salvador) se admitió la presencia de observadores asociados que “son Estados que mantienen afinidades lingüísticas o culturales con Iberoamérica, o que pueden realizar aportaciones significativas a la región”.

Entre esos miembros asociados hay cuatro países —Puerto Rico, Guinea Ecuatorial, Filipinas y Timor Oriental— con un pasado vinculado a España o Portugal, pero ninguno puede participar en los debates.

Sin embargo, hay otros casos más chocantes para mis interlocutores africanos. Por ejemplo, les parece sorprendente que Japón, Luxemburgo, Países Bajos o Hungría, por citar sólo 4 de los 12 observadores, cumplan con las “afinidades lingüísticas o culturales con Iberoamérica”. “Debe ser que el húngaro o el neerlandés proceden del latín y que el kabuki tuvo su origen en España”, bromean. “Exactamente comenzó en el Corral de Comedias de Almagro”, les corroboro.