El papa bendice la Sagrada Familia para que sea signo de «unidad y de concordia»

Además de la bendición de la Torre de Jesucristo por la tarde, León XIV dedicó la mañana a visitar colectivos vulnerables y lugares de gran simbolismo espiritual como Montserrat

León XIV saluda a un grupo de fieles durante su recorrido por la mañana./ Foto: Arzobispado de Barcelona

León XIV saluda a un grupo de fieles durante su recorrido por la mañana./ Foto: Arzobispado de Barcelona

El papa León XIV desarrolló durante su segundo día en Barcelona una agenda más social y espiritual que política. La diplomacia vaticana tuvo que esforzarse más de lo esperado para frenar los intentos de politizar la presencia del pontífice, que finalmente se expresó tanto en catalán como en español en sus discursos. Además de la bendición de la Torre de Jesucristo en la Sagrada Familia, dedicó la mañana a visitar colectivos vulnerables y entornos de gran simbolismo espiritual, como la Abadía de Montserrat.

El Papa comenzó el día visitando la cárcel de Brians 1, donde se reunió con internos e internas, escuchó sus testimonios, defendió el papel de la Iglesia para dar esperanza en prisión y recibió como obsequio un plato con la paloma de la paz elaborado por las reclusas. Posteriomente, en el Barrio del Raval se trasladó a una iglesia agustina para reunirse con organizaciones sociales y caritativas locales, agradeciendo su labor asistencial en favor de los más necesitados.

Al mediodía tuvo lugar uno de los actos más simbólicos de su visita, con la peregrinación en papamóvil a la abadía de Montserrat, donde presidió el rezo del Santo Rosario en la basílica. En un gesto espontáneo fuera de guion, se asomó al balcón de la Plaza de Santa María y agradeció públicamente la capacidad de acogida e integración de Cataluña ante los retos de la inmigración.

Ya por la tarde, tuvo lugar el evento más esperado de toda la visita. La misa solemne en la Basílica de la Sagrada Familia, coincidiendo con el centenario de la muerte del arquitecto Antoni Gaudí. A la Eucaristía asistieron unas 8.000 personas, incluyendo a los reyes Felipe VI y Letizia, el presidente Pedro Sánchez y el presidente catalán Salvador Illa.

Tras el oficio religioso, tuvo lugar la bendición, en español y en catalán, de la Torre de Jesucristo para lo que el papa se desplazó al exterior. León XIV afirmó, en ambas lenguas, que “la Ciudad Condal y toda Cataluña se reúnen en este templo, signo también de unidad y de concordia”.

La Torre de Jesucristo eleva el templo a 172,5 metros, convirtiéndolo en la iglesia más alta del mundo.

La jornada se cerró con un espectáculo de música y luces en las fachadas, el encendido de la cruz monumental de la torre y un coreografiado vuelo de cientos de drones que dibujaron el rostro de Gaudí en el cielo nocturno de Barcelona.

El viaje apostólico de León XIV por España continúará mañana hacia su recta final, teniendo como próxima escala las Islas Canarias.