«Cada vida perdida en las rutas de migración es un fracaso para la vida humana»

León XIV se despide de España en Tenerife, donde condena la explotación de seres humanos y pide a las autoridades acoger a los migrantes

Inmigrantes atendidos en el puerto de Arguineguín./ Foto: Canary4stock / iStock

Inmigrantes atendidos en el puerto de Arguineguín./ Foto: Canary4stock / iStock

León XIV finalmente salió anoche con destino a Roma desde el aeropuerto de Tenerife Norte, tras la inesperada “incidencia técnica” del avión en el que tenía previsto regresar a la capital italiana. La solución la puso el rey Felipe VI, que ofreció al papa el Falcon del Ejército del Aire en el que él llegó a Tenerife para despedir a Su Santidad.

El santo padre aseguró que vuelve a Roma «conmovido y reconfortado por los testimonios de fe y amor” y agradeció a las Islas Canarias la «primera acogida» que hacen a las personas migrantes tras un viaje en el que están «expuestas a peligros y violencias inenarrables”.

«¡Abran a todos este mar de amor!”, exclamó el papa ante 35.000 asistentes, a los que invitó a acoger «frente a quien especula con la desesperación”. Además, indicó que los seres humanos han «nacido para el encuentro y que no hay obstáculo, distancia, peligro o amenaza que pueda impedir a cada uno su viaje”, insistiendo en la idea de que ningún ser humano vive aislado.

Previamente, el papa comenzó su ultima jornada en Tenerife a las 9 y media, visitando el centro de acogida ‘Las Raíces’. Allí se dirigió en francés a los migrantes alojados para mostrarles su solidaridad porque, dijo, “pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades, y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos”. 

Por ello, les invitó “a ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas, y a estar abiertos a recibir aquello que se les brinda”.

“Queridos hermanos y hermanas, todos —de algún modo— somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial”, añadió. “Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno”.

Tras ese encuentro, Su Santidad se dirigió a la plaza del Cristo de La Laguna, donde cientos de migrantes esperaban su llegada. En ese marco, dio un toque de atención a las autoridades —al subrayar que «cada vida perdida en las rutas de la trata de personas es un fracaso para la familia humana”— y lanzó un contundente “¡deténganse!” a quienes comercian con seres humanos y se benefician de su vulnerabilidad. Su mensaje fue una condena explicita de cualquier forma de explotación y una defensa de la dignidad de las personas migrantes.