Feijóo, la crítica banal y el olvido de lo importante sobre nuestros consulados

"El problema es la escasez crónica de personal de nuestra administración en el exterior, no que conceder la ciudadanía a descendientes de españoles pueda variar las elecciones"

Foto: nobtis / iStock

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¡Que qué ganas de discutir!”, diría mi madre viendo los debates que se organizan nuestros políticos. Ellos solitos. Cuando no son unos, son otros. Qué ganas de discutir, es verdad. Y todo para nada. Verán, Feijóo se ha empeñado en que Pedro Sánchez va a conceder la nacionalidad a millones de personas para volver a ganar las elecciones. Lo ha llamado “ingeniería electoral” porque no quiere hablar de “pucherazo”. Lo fascinante es que no le haya dado una migraña. 

Les confieso mi estupor cuando, tal como está el patio de los escándalos que acosan a Sánchez y al PSOE, el líder del principal partido de oposición se echa al monte con un asunto que al español de a pie le preocupa bastante poco. Sobre todo porque las nacionalizaciones por ascendientes han sido bastante comunes a lo largo de los años y nadie, ni siquiera el PP, las ha discutido. Feijóo las apoyó, no hace tanto.

A quienes, más que preocupar, les ocupa el asunto es a los dirigentes de VOX, que han sabido ver su gran potencial para hacer “ruido”, que es lo que les da réditos. No se engañen, no es otra cosa. Aquí los “ultra-listos” mantienen su estrategia de seguir haciendo ruido con todo lo que venga de fuera. Les sale muy barato electoramente porque el 90% de sus votantes están en España.

¿Pasa lo mismo con el Partido Popular? Teniendo en cuenta que sus bases electorales están en el centro-derecha moderado, toda estridencia es contraproducente. La cuestión es que si se apunta al carro contra las nacionalizaciones, da la razón a los ultras. Si no se apunta, tiene que esforzarse en justificar que no está apoyando al Gobierno de Pedro Sanchez. En resumen, haga lo que haga, pierde votos o no los gana, que viene a ser lo mismo, y deja que VOX se lleve los méritos de cara a su propio electorado.

Y eso es un serio problema para el PP, que lleva demasiado tiempo balanceándose en la cuerda floja de buscar los votos en el centro o en la extrema derecha. Si no los encuentra es simplemente porque no se puede convencer a moderados y extremistas al mismo tiempo. Eso lo saben en VOX y también en el PSOE. 

El que no parece saberlo es Feijóo, o lo disimula muy bien. Y eso es también preocupante. Me acuerdo que el de «saber o no saber» fue uno de los grandes silogismos utilizados contra Felipe González cuando se destapó el asunto de los GAL, por no hablar de las críticas actuales a Sánchez. Si no se entera de nada, no nos vale para presidir un Gobierno. Y si lo sabe, nos esta tomando el pelo y no nos vale. En ambos casos, debería dimitir.

Por supuesto que dejar de decir incongruencias tambien sirve. Decir que el Gobierno de Sánchez pretende modificar el censo otorgando la nacionalidad a dos millones y medio de personas en los próximos 18 meses es, cuando menos, de volver a clase de matemáticas lo antes posible, señor Feijóo. 

Vamos con los datos que me contaba esta semana el presidente de la Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE), Alberto Virella, y comprenderán por qué.

Hasta el 23 de octubre de 2025 se admitieron 2,4 millones de solicitudes. De ellas, el Consulado que recibió más solicitudes fue el de Buenos Aires: 645.000.

Ahora viene lo interesante: esas 645.000 solicitudes de nacionalización recibidas en el Consulado de Buenos Aires por la mal llamada ‘Ley de Nietos’ —que es parte de la Ley de Memoria Democrática de 2022— son casi 11 veces más que las 60.000 peticiones cursadas al mismo Consulado en 2007 (esta vez por la Ley de Memoria Histórica).

¿Saben cuánto se tardó en procesar las 60.000 solicitudes de 2007? ¡Trece (13) años!, recuerda Virella. Ahora sólo nos queda hacer una sencilla multiplicación. Si en 13 años se procesaron 60.0000 solicitudes, las 645.000 actuales se podrán liquidar en los próximos… ¡135 años! En números redondos, vaya.

Por si alguien está pensando “¡Claro, los vagos de los funcionarios de exteriores!”, les sugiero hacer más números. Si un año tiene de media 250 días laborales, los funcionarios consulares —hablamos sólo de Buenos Aires— sacaron adelante una media de 20 expedientes diarios en 2007. 

Ahora añadan otros trámites consulares: pasaportes, visados, apostillas, certificados, trámites notariales, registros civiles (nacimientos, matrimonios, defunciones), inscripción y asistencia a transeúntes, entre otros trabajos diarios. No, no se han dedicado al ‘dolce far niente’.

Y resten el número de funcionarios destinados a nuestros consultados en el exterior: los mismos que a principios de siglo. En 25 años, la plantilla de agentes consulares prácticamente no ha aumentado. Y diga lo que diga el ministro Albares sobre la implantación del Escritorio Unificado de Tramitación Consular, este sistema todavía no sirve para descargar de trabajo a los funcionarios.

Aquí es donde tenemos el problema, en la escasez crónica de personal que presenta nuestra administración en el exterior y no en que la concesión de la ciudadanía a descendientes de españoles pueda variar los resultados electorales. Pero seguramente los estrategas ‘populares’ piensan que les es más rentable seguir levantando polémicas ruidosas pero inútiles. Además, si defienden aumentar las plantillas, ¿quién les garantiza que no se llevarán ellos las críticas por no aumentarlas en caso de que gobiernen?

Así que tenemos diez veces más peticiones con el mismo número de funcionarios y un límite temporal de año y medio para que Pedro Sánchez pueda ganar las elecciones de 2027 gracias a “nacionalizar socialistas”, como ha dicho la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Tremenda, esta mujer.

Por cierto, especial para la presidenta madrileña, unas aclaraciones: 1) la solicitud no presupone haber recibido los documentos necesarios para abrir los expedientes; 2) la recepción de los expedientes tampoco supone su aprobación; 3) Una vez concedida la nacionalización, al solicitante se le adjudica una provincia española de acuerdo a su arraigo o al de sus ascendientes, no por azar. 

Y eso nos lleva a que tampoco hay posibilidad de “ingeniería electoral” fabricando votantes para “rellenar” de socialistas una o varias provincias.

Me temo que Sánchez no va a poder acabar a tiempo su audaz plan para ganar votos en el exterior, no.

Como les contaba al principio, es curioso el empeño del PP por subirse al carro de VOX, cuando debería ser al contrario. De acuerdo en que Feijóo necesitará pactar con los “ultras”, pero eso ya está descontado y, cuando llegue el momento, tendrá que hacer tantas concesiones como Abascal a él. Sin embargo está pasando lo contrario. ¿Está más desesperado Feijóo que Abascal? Tiene pinta de que sí. Pero, ¿quién tiene más votos? ¿Y más escaños? La percepción de los españoles es que VOX lleva la iniciativa y el PP es un partido débil, inconsistente y sin ideas. Y así no se ganan elecciones.

Igual que Puigdemont ha gobernado desde Waterloo con Pedro Sánchez, ya puestos, Abascal podría hacer lo mismo, y sin moverse de Madrid. Esperen, se me ocurre que a lo mejor Feijóo esta adoptando una nueva táctica política: «centrémonos en perder las elecciones para ganar el Gobierno.» Eso me cuadra más, ya ven.