Viaje a través de los sabores en Marruecos: la gastronomía como puente entre culturas

Del cuscús y el tajín a la madfouna bereber, la cocina magrebí sintetiza siglos de intercambios culturales y es uno de sus principales vehículos de proyección internacional

Tajine tradicional marroquí de pollo con frutas secas y especias./ Foto: tbralnina / iStock

Tajine tradicional marroquí de pollo con frutas secas y especias./ Foto: tbralnina / iStock

La gastronomía marroquí ocupa un lugar privilegiado entre las más reconocidas del mundo por la riqueza de sus sabores, la variedad de sus ingredientes y la profunda conexión que mantiene con la historia y las tradiciones del país. Más allá de su indudable atractivo culinario, representa un patrimonio cultural vivo que contribuye a fortalecer la identidad nacional, impulsar el turismo y proyectar la imagen de Marruecos en el ámbito internacional.

La gastronomía es una de las mejores formas de conocer un país. En cada receta se esconden siglos de historia, influencias culturales y formas de entender la vida. Marruecos es un claro ejemplo de ello. Situado entre el Mediterráneo, el Atlántico y las puertas del Sáhara, el reino alauí ha convertido su cocina en una de sus principales señas de identidad, en un poderoso reclamo turístico y en una eficaz herramienta de proyección cultural en el exterior. Sus aromas, el colorido de sus mercados y la hospitalidad de sus gentes hacen que cada comida sea una experiencia que trasciende lo culinario para convertirse en un viaje por la historia y la cultura del país.

Una gastronomía nacida del mestizaje

La cocina marroquí es el resultado de siglos de intercambios entre civilizaciones. Sus raíces se encuentran en la tradición amazigh (bereber), basada en cereales, aceite de oliva, legumbres y carne de ganado. A partir del siglo VII, la llegada de los árabes incorporó nuevas especias, frutas y técnicas culinarias que transformaron profundamente la alimentación del territorio.

Posteriormente, musulmanes y judíos procedentes de la península ibérica aportaron recetas más refinadas, especialmente en la repostería y en los guisos donde conviven ingredientes dulces y salados. Ya en el siglo XX, durante el protectorado francés, la panadería y algunas técnicas europeas completaron una cocina que ha sabido integrar todas estas influencias sin perder su personalidad.

Muchas recetas siguen elaborándose hoy como hace siglos, cocinadas lentamente en recipientes de barro y transmitidas de generación en generación. Esa fidelidad a la tradición ha contribuido al reconocimiento internacional de la gastronomía marroquí, considerada una de las más influyentes y apreciadas del norte de África.

Los sabores que definen Marruecos

Hablar de cocina marroquí es hablar de especias. El comino, la cúrcuma, el jengibre, la canela, el azafrán o el pimentón forman parte del día a día de cualquier hogar. A ellas se suma el ras el hanout, una mezcla que puede reunir más de veinte especias distintas y cuya composición varía según cada maestro especiero.

El mejor ejemplo de esta riqueza culinaria es el cuscús, considerado uno de los platos más emblemáticos de Marruecos y del conjunto del Magreb. Elaborado con sémola de trigo y acompañado de verduras, pollo, cordero o ternera, ocupa un lugar central en la vida familiar. Tradicionalmente se prepara los viernes, tras la oración, cuando familias y amigos se reúnen alrededor de una gran fuente para compartir la comida.

En 2020, los conocimientos, prácticas y tradiciones vinculados a la preparación y el consumo del cuscús fueron inscritos por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, mediante una candidatura conjunta presentada por Marruecos, Argelia, Túnez y Mauritania. Este reconocimiento destacó el valor cultural y social de una tradición culinaria compartida por millones de personas en el Magreb.

Otro gran símbolo es el tajín, nombre que recibe tanto el recipiente de barro con tapa cónica como el guiso que se cocina en él. Gracias a una cocción lenta, la carne absorbe el aroma del limón en conserva, las aceitunas, el azafrán, el jengibre o el comino. Existen innumerables variantes, aunque una de las más populares combina pollo con aceitunas y limón, mientras que otra une cordero, ciruelas, almendras y miel, reflejando el equilibrio entre dulce y salado que caracteriza a la cocina marroquí.

La pastela, un pastel elaborado con finas capas de masa rellenas tradicionalmente de carne de ave, almendras y especias, que se termina espolvoreando con azúcar glas y canela, refleja una notable herencia andalusí, aunque los especialistas mantienen diferentes teorías sobre el origen exacto de este plato. También destaca la harira, una sopa elaborada con tomate, garbanzos, lentejas, cilantro y perejil que adquiere un especial protagonismo durante el Ramadán.

Entre las especialidades de origen amazigh sobresale la madfouna o medfouna, conocida popularmente como la «pizza bereber». Tradicional de la región de Rissani, en el sureste marroquí, esta masa de pan rellena de carne especiada, cebolla, hierbas y frutos secos se cocina lentamente hasta conseguir un interior jugoso y un exterior crujiente. Nacida en las rutas caravaneras del desierto, está considerada una de las especialidades más características de las regiones amazigh del sureste marroquí.

Y si hay una bebida que simboliza la hospitalidad marroquí es el tradicional té verde con hierbabuena. Preparado con abundante azúcar y servido desde cierta altura para formar espuma, ofrecer un vaso de té es una muestra de respeto y bienvenida que forma parte de la vida cotidiana.

La riqueza de la gastronomía marroquí también ha encontrado en la alta cocina y en la divulgación gastronómica dos importantes aliadas para su proyección internacional. La chef Najat Kaanache ha contribuido a reinterpretar la cocina tradicional con una mirada contemporánea, mientras que Choumicha Chafay se ha convertido en una de las principales embajadoras de la gastronomía del país gracias a sus programas de televisión, publicaciones y labor de divulgación. Ambas han contribuido a preservar y difundir un legado culinario que hoy trasciende las fronteras de Marruecos.

Un país, muchas cocinas

La diversidad geográfica del país también se refleja en sus fogones.

En el norte, ciudades como Tánger, Tetuán o Chefchaouen muestran una clara influencia mediterránea y andalusí, con una cocina donde el pescado fresco y el aceite de oliva tienen un papel protagonista.

Fez y Meknés, antiguas ciudades imperiales, ocupan un lugar destacado en la tradición gastronómica marroquí y son reconocidas por la sofisticación de muchas de sus recetas históricas. Allí se consolidaron algunas de las versiones más reconocidas de la pastela y de buena parte de la repostería tradicional marroquí elaborada con miel, almendras y agua de azahar.

Marrakech es especialmente conocida por la presencia de especias y aromas intensos en buena parte de su oferta gastronómica. Sus zocos están repletos de puestos donde el comino, el azafrán o la canela impregnan el ambiente y dan personalidad a tajines, brochetas y guisos tradicionales.

En el sureste, se conserva buena parte de la tradición culinaria amazigh. Además de la popular madfouna, la cocina de esta zona destaca por el uso de dátiles, cordero y panes artesanales, herencia de las antiguas rutas comerciales que atravesaban el desierto.

La costa atlántica destaca por la calidad de sus pescados y mariscos, mientras que otras regiones próximas al Sáhara mantienen vivas muchas tradiciones bereberes y nómadas.

La gastronomía como herramienta de diplomacia cultural

La gastronomía se ha consolidado como una eficaz herramienta de diplomacia cultural, capaz de proyectar la identidad de un país, fomentar el turismo y estrechar lazos entre sociedades. Marruecos ha sabido incorporar su patrimonio culinario a esta estrategia, utilizando la cocina como un vehículo para difundir su diversidad cultural y reforzar su presencia internacional.

En España, la Embajada del Reino de Marruecos, encabezada por la embajadora Karima Benyaich, promueve la difusión del patrimonio cultural marroquí a través de distintas iniciativas en las que la gastronomía ocupa un lugar destacado. La colaboración con Casa Mediterráneo en eventos como Alicante Gastronómica, así como la presencia de la cocina tradicional en las recepciones oficiales de la Fiesta del Trono, reflejan el papel de la gastronomía como vehículo de acercamiento entre Marruecos y España.

Porque descubrir Marruecos a través de sus sabores es mucho más que disfrutar de una buena comida. Es comprender la historia de un país que ha hecho del encuentro entre culturas una de sus mayores fortalezas y que ha encontrado en su gastronomía un lenguaje universal capaz de tender puentes entre pueblos, fomentar el turismo y reforzar el diálogo entre las dos orillas del Mediterráneo.