La primera en levantar la voz fue la jefa del Gobierno italiano, Giorgia Meloni, y eso le valió las iras del ministro de Exteriores, que las descargó sobre su colega, Antonio Tajani. Pero a José Manuel Albares se le acumuló el trabajo en pocas horas: Francia, Alemania, Dinamarca, Finlandia y Suecia, de momento, fueron expresando su “preocupación” sobre la “invasión” de Ceuta.
Es curioso, no obstante, que el Ministerio que dirige Albares no expresase su indignación, o su puntos de vista, respecto a sus colegas europeos por escrito. En otras ocasiones y ante asuntos similares sí que lo ha hecho. Esta vez, el ministro prefirió convocar al embajador Giuseppe Buccino, como si estuviéramos ante una seria crisis diplomática con Italia y no con Marruecos, a cuyas autoridades se les ha eximido de toda culpa.
De hecho, la embajadora de Marruecos, Karima Benyaich, no tuvo que ir a ver al ministro, como su colega italiano. Con su discurso del jueves noche en la recepción que ofreció con motivo de la Fiesta del Trono fue suficiente. Pero los “invasores” venía de Marruecos, ¿no?
Volvamos a Italia. Es de supone que Albares mostró a Buccino su indignación porque su ministro de Exteriores, Antonio Tajani, se declaró a favor de cerrar temporalmente el espacio Schengen con España, lo cual tiene bastante lógica visto lo incontrolable de la turba —apenas 50.000 individuos, según Marlaska— que entró en Ceuta ante la mirada benevolente de la Gendarmería marroquí y la impotencia de las fuerzas del orden españolas.
Y si sólo se hubiera quedado la protesta en cosa de Italia, Albares probablemente sería feliz: ya habría cumplido. Pero detrás han ido entrando todos los demás socios europeos, a los que no les ha pedido la misma “solidaridad europea” que al embajador transalpino.
Francia apenas tardó unas horas en reforzar sus controles en la frontera con España. “Ante la situación constatada en el enclave de Ceuta, desde anoche he dado instrucciones para reforzar sin demora los controles en la frontera española”, declaró el ministro francés del Interior, Laurent Nuñez, en sus redes sociales.
Es decir, Francia hizo mientras Italia, a esas alturas, sólo había sugerido. Y detrás llegaron Dinamarca y Finlandia. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, no se cortó un pelo: “la UE debe dar los pasos necesarios y considerar todas las posibilidades, incluida la suspensión de la cooperación de Schengen”.
Y la ministra de Interior de Finlandia, Mari Rantanen, se sumó sin ambages a la posibilidad de suspender a España del Espacio Schengen.
En Alemania, el canciller Merz hizo lo posible para templar gaitas, pero aún así se le escapó que “España debe recuperar el control de la situación lo antes posible”, ante las declaraciones más contundentes de la líder del ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), Alice Weidel, que también ha reclamado suspender a España del Espacio Schengen.
Los últimos gobiernos en sumarse han sido los de Suecia, Portugal y Chequia. Y por su fuera poco, los embajadores de los países miembros de la UE en Madrid han anunciado que se reunirán el lunes para abordar la criris migratoria a instancias de la Embajada de Irlanda, que ostenta hasta final de año la presidencia del Consejo de la Unión Europea.
Recapitulando, Francia tomó medidas mientras Italia sólo las sugirió. Dinamarca, Finlandia, Alemania, Suecia y la República Checa tambien piden tomar medias, como suspender a España del Acuerdo de Schengen. Irlanda ha convocado a todos los embajadores europeos en Madrid para “evaluar la situación y facilitar la coordinación”.
Irlanda también ha convocado una reunión hoy sábado en el marco del mecanismo de Respuesta Política Integrada ante Crisis (ICPR), una herramienta comunitaria que ya se ha activado para hacer frente a crisis migratorias en el pasado.
Con ella se trata de «brindar a los expertos la oportunidad de debatir los movimientos hacia Ceuta en los últimos dos días, el número de personas que han regresado a Marruecos, el apoyo que la UE está prestando a España para gestionar esta situación y las gestiones diplomáticas con Marruecos«.
A todo esto, y a pesar de que tanto Sánchez como Albares han exculpado por activa y pasiva al reino alauita, ya hay quien se pregunta si esto no es un efecto colateral —con un pequeño toque de atención incluido— del reciente acuerdo hispano-argelino, que no ha debido hacer mucha gracia en Rabat. Y es que quien conoce Marruecos sabe que no hay muchedumbre de 50.000 personas —ni de 5— que pase inadvertida para las autoridades marroquíes.
