La inversión de las empresas españolas fuera de nuestras fronteras continúa retrocediendo. Durante el primer trimestre de 2026, la inversión bruta en el exterior se situó en 2.915 millones de euros, un 60,8% menos que en el mismo periodo del año anterior. Esta caída sitúa la inversión española en el exterior en niveles similares a los observados tras la crisis financiera de principios de la pasada década.
Este comportamiento coincide además con una desaceleración de la inversión privada dentro de España. Durante los primeros meses del año, las empresas moderaron el ritmo de sus inversiones, situación que también se refleja en los proyectos desarrollados fuera del mercado nacional.
Sin embargo, esta evolución contrasta con la observada a escala global. Según el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la inversión extranjera directa mundial creció alrededor de un 6% en 2025, poniendo fin a dos años consecutivos de descensos. No obstante, la organización advierte de que esa recuperación sigue siendo frágil y desigual, muy concentrada en un reducido número de países, sectores y grandes proyectos. La incertidumbre geopolítica internacional, la persistencia de la inflación y unas condiciones de financiación más exigentes continúan pesando sobre los planes de expansión de las compañías en todo el mundo.
Una parte creciente de la inversión internacional se concentra en sectores relacionados con la inteligencia artificial, las infraestructuras digitales, los semiconductores y la transición energética. Según UNCTAD, estas actividades representan ya cerca del 44% del valor de los nuevos proyectos internacionales anunciados, frente al 16% que concentraban en 2020.
En el caso español, los sectores que más inversión captaron en el exterior durante el primer trimestre fueron la industria manufacturera, con 575 millones de euros; las actividades financieras y aseguradoras, con 500 millones; el transporte y almacenamiento, con 295 millones; el suministro de energía, con 224 millones; y las telecomunicaciones, los servicios informáticos y la consultoría, con 202 millones. Se trata de actividades que requieren un elevado nivel tecnológico y movilizan inversiones significativas.
Madrid y Cataluña concentraron la mayor parte de la inversión española en el extranjero, con 1.189 millones de euros y 1.058 millones, respectivamente. A cierta distancia se situaron el País Vasco, con 280 millones, y Cantabria, con 227 millones, una comunidad que ha ganado peso en los últimos años gracias a la creciente presencia internacional de sus empresas.
Por destinos, Estados Unidos mantiene una clara posición de liderazgo. Las empresas españolas destinaron más de 622 millones de euros al mercado estadounidense durante los tres primeros meses del año. Reino Unido, Luxemburgo, México y Chile también figuran entre los principales receptores de capital español, aunque en varios de estos casos la financiación intragrupo tiene un peso especialmente relevante.
El Banco de España señala que Latinoamérica continúa siendo la segunda región con mayor presencia de empresas españolas, únicamente por detrás de la zona euro. Más de 1.700 compañías españolas mantienen inversiones directas en la región y México destaca como uno de los mercados con mayor implantación empresarial española.
Estados Unidos ocupa asimismo una posición destacada como inversor en España. Durante 2025 la inversión procedente del país norteamericano superó los 10.000 millones de euros, convirtiéndose en el principal origen del capital extranjero recibido por la economía española. Francia, Reino Unido y Alemania completaron los primeros puestos de la clasificación.
Los datos del inicio de 2026 apuntan, en definitiva, a una etapa de prudencia en la expansión internacional de las empresas españolas. La evolución de los tipos de interés, la estabilidad del entorno geopolítico y las perspectivas de crecimiento de los principales mercados serán factores decisivos para determinar si esta caída responde a un ciclo temporal o si anticipa un periodo más prolongado de menor inversión en el extranjero.
