España y Marruecos son vecinos condenados a entenderse, aunque los recurrentes incidentes migratorios parezcan decir lo contrario. Si sus costas sólo están separadas por 14,4 kilómetros en el estrecho de Gibraltar, sus economías están profundamente entrelazadas: los intercambios comerciales superaron los 22.000 millones de euros en 2025 mientras que España es el tercer inversor mundial en Marruecos.
En 2025, según datos de International Trate Centre, España siguió siendo el primer socio comercial de Marruecos, tanto como cliente y como proveedor. Los datos aportados por la Oficina Económica y Comercial de España en Rabat respecto a ese año, el comercio entre ambos países alcanzó un volumen de 22.757 millones de euros, de los que 12.330 millones corresponden a exportaciones de España mientras que las ventas marroquíes ascendieron a 10.427 millones.
Marruecos se ha convertido así en el tercer mercado para los productos españoles fuera de la Unión Europea y sólo por detrás de Estados Unidos y el Reino Unido. Un mercado en el que actúan 15.000 compañías españolas, de las que más de 6.000 son exportadoras regulares.
En cuanto a las empresas que se han asentado en Marruecos, según los datos de la Oficina Comercial en Rabat, a 31 de diciembre de 2024 el Registro Mercantil Español recogía 669 empresas con al menos un 10% del capital de sociedades marroquíes y 527 empresas marroquíes que son filiales de empresas españolas y que, por tanto, tienen más del 50% de su capital en manos españolas.
Teniendo en cuenta esos volúmenes de capital, el stock de inversiones españolas en Marruecos ascendía, según el último dato disponible, el de 2024, a 2.508 millones de euros. y da empleo directo aproximadamente a 30.000 trabajadores en todo el país. Su efecto sobre el empleo indirecto, aunque no hay estadísticas al respecto, puede triplicarse, según calculan algunas asociaciones empresariales españolas en el país.
La principal característica de estas inversiones es que, en muchos casos se componen de un elevado numero de pequeñas aportaciones, lo que según indica la Oficina Comercial de España en Rabat, “aporta una cierta estabilidad a las cifras totales, además de una relativa diversificación sectorial”.
España se ha ido afianzando a lo largo de los años en el tercer puesto de los mayores inversores en la economía marroquí a pesar de que otros países —como Emiratos Árabes o Alemania— están incrementando notablemente sus inversiones. Marruecos es el primer destino, muy por delante de los demás, de las inversiones españolas en África, que ascienden a un total acumulado de 2.300 millones de euros.
Por otra parte, aunque las inversiones marroquíes en España son mucho más modestas —a 31 de diciembre de 2024 ascendían a 193 millón es de euros— en leste lado del Estrecho trabajan y viven más de un millón de marroquíes. Y una gran parte no se plantean una estancia temporal. Muchos ya han comprado viviendas: sumaron el 6,1% de todas las operaciones de venta a ciudadanos extranjeros en 2024, según publicaron medios como ‘Le 360’ o ‘InfoMediaire’, siendo la tercera nacionalidad que más operaciones de compra de inmuebles llevó a cabo. Para completar la foto, este colectivo envió desde España en 2025 remesas a sus familiares por valor de casi 1.600 millones de euros, aproximadamente el equivalente a un 1% del PIB marroquí.
Con estos datos en la mano, es evidente que la relación económica entre España y Marruecos es muy profunda y demasiado importante para ponerla en peligro por el extraño empeño de algunas élites marroquíes en reivindicar la marroquinidad de Ceuta y Melilla. Como señaló en febrero de 2025, en un encuentro empresarial en Rabat, el copresidente del Consejo Económico Marruecos-España, Adil Rais,“somos socios comerciales estructuralmente muy importantes el uno para el otro”.
En ese encuentro, al que asistió la secretaria de Estado de Comercio, Amparo López Senovilla, se abordaron las oportunidades que tienen las empresas españolas en proyectos conjuntos, con la mirada puesta en retos compartidos y de desarrollo regional como el Mundial de fútbol de 2030.
A la vista de todo esto, muchos marroquíes no comparten los conflictos periódicos provocados desde Rabat. “¿Por qué arriesgar una relación mutuamente beneficiosa sabiendo que Ceuta y Melilla nunca serán nuestras?”, se pregunta una fuente marroquí que prefiere seguir en el anonimato. La respuesta es evidente: “Cada vez que tengamos un roce, ya sea por Argelia, el Sáhara o cualquier otro motivo, el régimen de Rabat podrá expresar su desacuerdo y presionar para obtener una compensación, si lo quieres llamar así”, añade el mismo interlocutor.
Ciertamente lo que más se ve de Marruecos es su capacidad para crear problemas migratorios a España. Sin embargo, hay otros detalles menos visibles pero mucho más importantes en términos económicos.
Empezando por la presencia de empresas españolas que han invertido y se han asentado en el país. Por citar sólo a algunas, hace décadas que El Corte Inglés —que mantiene allí su oficina de control técnico—, Inditex —que importa parte de su producción— o Caixabank —que tiene sucursales en Casablanca, Tánger y Agadir— apostaron por instalarse en Marruecos. Pero hay más.
A la lista de las “grandes” hay que sumar a Abener-Abengoa Water —central termo-solar de ciclo combinado en Ain Beni Mathar y desalinizadora en Agadir—; Acciona Energía —planta termosolar de Ouarzazate—; Acciona Agua —desaladora de Casablanca—; CEPSA —suministro de carburantes a barcos pesqueros en Agadir, inversión en estaciones de servicio y adquisición de las empresas Sorexi y Bitulife—; ENDESA —central de ciclo combinado de Tahaddart —; ROCA —producción y comercialización de cerámica y sanitarios—; Banco Sabadell —sucursal en Casablanca—; Banco Santander —participación del 5% en Attijariwafabank, el principal banco del país—; Garrigues —servicios jurídicos y procesales, asesoramiento contable y fiscal—; INECO —estudios de viabilidad de las vías ferroviarias Tánger-Tetuán y Tánger-Casablanca—; Editorial Planeta —ha fundado un campus universitario e invertido 8 millones de euros en su filial marroquí—; ALSA —transporte urbano e interurbano en Agadir, Marrakech, Tánger, Casablanca, Khourtaga y Rabat—; CAF —adjudicataria de material rodante de alta velocidad ferroviaria—; Iberia —oficina de representación en Casablanca— y las cadenas hoteleras Barceló, Eurostars, Iberostar, Meliá y RIU, que gestionan una veintena de hoteles en diversas ciudades del país tanto en propiedad como en colaboración con empresas marroquíes.
Son sólo algunos datos económicos que aporta la ficha país que publica el Ministerio de Asuntos Exteriores español en su página web. Pero hay muchas más empresas, también pequeñas y medianas, que aprovechan la cercanía del país magrebí y las ventajas fiscales y laborales que ofrece a las empresas extranjeras para desarrollar su producción.
Los sectores con mayor presencia española en Marruecos son turismo, hostelería, energía, tecnología, infraestructuras, moda y textil, agroindustria, servicios profesionales y banca.
En el sector agroalimentario, donde operan más del 10% de las empresas españolas, destaca la presencia de numerosas pymes hortofrutícolas españolas que explotan campos de cultivo en zonas como Larache y Agadir y que exportan fundamentalmente a Europa, incluida la propia España. Una paradoja más de las relaciones económicas entre ambos países que, entre crisis y crisis, constatarán una y otra vez que siguen, y seguirán, necesitándose mutuamente.
