En el año 1258 a.C., fue firmado el Tratado de Paz de Kadesh, el primer tratado de paz de la historia entre el Imperio Egipcio, bajo el faraón Ramsés II, y el Imperio Hitita, reinado por Hattusili II, con unas consecuencias beneficiosas para los dos territorios.
No sólo la Paz de Westfalia (1648), el Tratado de Utrecht (1713), el Tratado de Versalles (1919) , los acuerdos de la Paz de Cateau-Cambrésis (1559), o el Acuerdo de Paz con las FARC en Colombia (2026), entre otros, cambiaron la historia y las fronteras del mundo. No solamente los acuerdos para una paz duradera se han debido a la evolución pacificadora del hombre (últimamente un poco olvidada, eso sí).
Entre las mejores hazañas del faraón Ramsés II (El Grande, 1279-1213 a.C.) no se encuentra un acto de guerra sino de paz: la firma del primer tratado de paz de la historia. Un acuerdo rubricado con el Imperio Hitita, allá por el año 1258 a.C., que ponía fin a un largo período de “visitas” de estos últimos en territorio egipcio y a la Batalla de Kadesh de 1274 a.C.
Según relata Joshua J. Mark, cofundador y director de contenidos de World History Encyclopedia, “en el quinto año de su reinado, el joven faraón Ramsés II marchó desde su ciudad Pi-Ramsés («La Casa de Ramsés») hacia Siria para asegurar la ciudad de Kadesh, una parada valiosa en las rutas comerciales de aquel entonces. El rey de los hititas Muwatalli II (1295-1272 a.C.) había estado realizando incursiones regulares en territorio egipcio durante algún tiempo y, después de haber fortificado Kadesh, se había convertido más en una amenaza que en una molestia para Ramsés II”.
Alrededor de 1530 a.C., los hititas de Anatolia habían ido creciendo en poder desde el segundo milenio a.C., hasta que reemplazaron a Babilonia como un reino destacado y comenzaron a probar la fuerza de su vecino país, Egipto. “Algunas cartas de intención fueron enviadas al faraón Akenatón (1353-1336 a.C.) perteneciente a la XVIII dinastía”, continúa describiendo Joshua J. Mark, “pero nunca respondió ni se dió cuenta de la actividad hitita a lo largo de sus fronteras. El General de Akenatón, Horembeb (quien se convertiría en faraón de 1320 a 1292 a.C.), había llevado a cabo una campaña sin éxito contra los hititas y en la época de gobierno de Tutankamón (sucesor de Akenatón en 1336 a.C.), se habían vuelto aún más poderosos y eran lo suficientemente audaces como para fortificar las regiones en las fronteras de Egipto o cerca de ella”.
Convertido Horembeb en faraón en 1320 a.C., este inició una política más agresiva contra los hititas y aseguró las fronteras de Egipto, pero nunca resolvió definitivamente el problema de las incursiones hititas. “Seti I (1290-1279 a.C.) había asegurado Palestina y Kadesh para Egipto pero, contento con la victoria, no había tomado ninguna medida para mantener la ciudad en su poder. Ahora Ramsés II, de la XIX dinastía tenía que hacer frente al problema de la invasión hitita y en 1274 a.C., reunió a sus fuerzas en Pi-Ramsés para expulsar a los hititas de Kadesh y derrotar a su ejército”, según el relato del historiador.
Y en este episodio ocurrió algo que se ha venido ya repitiendo hasta la actualidad. Depende de qué fuente histórica leas, no está bien definido quién ganó la batalla. El faraón Ramses II presume en sus escritos de un triunfo con él montado en su carruaje a la cabeza de su división (unos 20.000 hombres). Mientras, Muwatalli II describe su triunfo sobre el enemigo ya que esperaba a los egipcios justo encima de una colina a la entrada de Kadesh con 3.500 carruajes y 37.000 hombres.
“Ramsés II fracasó en alcanzar su objetivo de asediar a la ciudad, pero destrozó al ejército hitita en el campo, mientras que Muwatalli II retuvo el control de Kadesh pero no pudo aplastar a los egipcios como esperaba”, señala Joshua J. Mark.
En 1237 a.C. falleció Muwatalli II y tomó el trono hitita Muwatalli III, firmante del Tratado de Paz de Hadesh junto al faraón egipcio. Un tratado que decía: “Ramsés, el gran rey, el rey del país de Egipto, nunca atacará al país de Hatti para tomar posesión de una parte (de este país). Y Hattusili, el gran rey, rey del país de Hatti, nunca atacará al país de Egipto para tomar posesión de una parte (de ese país)”. En este escrito, además, se llega al compromiso de la ayuda mutua entre los dos reinos y se registra un tratado de extradición, con la obligación de “extraditar” a los ciudadanos que entren irregularmente en cada país para su entrega al reino vecino. Se acordó que aquellos de menor rango pudiesen regresar a su país sin sufrir represalias. Aunque eso no era aplicable a los oficiales de alto rango. Y como colofón, el contenido del tratado comprometía, no sólo a Ramsés y Hattusili, sino también a sus descendientes.
Tras su firma, un ejemplar fue depositado a los pies de Ra y grabado en los templos de Ra y Amón de Karnak, una vez transcrito al egipcio. Otra copia fue depositada en el templo de Teshub en Hattusas.
Los dos reyes llegaron a darse cuenta de que ninguno podía sacar una ventaja sustancial del otro y que el mejor camino a elegir era el camino de la paz. Con el paso de los años, los hititas y los egipcios entablaron una nueva relación entre ellos en la que compartieron sus conocimientos y experiencias, en lugar de intercambiar golpes en el campo de batalla. Los hititas eran expertos en metalurgia y enseñaron a los egipcios cómo fabricar armas y herramientas superiores, mientras que los egipcios, maestros de la agricultura, compartieron sus conocimientos con los hititas.
Más tarde, en el 1256 a. C. correspondiente al año 24 del reinado de Ramsés, el faraón y el rey hitita consolidaron el tratado mediante lazos de sangre: la hija de Hattusili fue enviada a Egipto como esposa de Ramsés, que la hizo Gran Esposa Real con el nombre de Maat-Hor-Nefru-Re.
A partir de la firma de este tratado, Egipto y Hatti permanecieron en paz durante aproximadamente 110 años, hasta que en 1190 a.C. el segundo de ellos fue completamente destruido por los Pueblos del Mar, un grupo de pueblos de la Edad del Bronce que migraron hacia Oriente Próximo durante el 1200 a.C, y que navegaban por la costa oriental del Mediterráneo y atacaron Egipto durante la dinastía XIX y especialmente en el año octavo del reinado de Ramsés III, de la dinastía XX.
Hoy en día, el Tratado de Kadesh, símbolo del primer «movimiento para la paz perpetua», adorna las paredes de la Sede en Nueva York de la Organización de las Naciones Unidas.