Primera jornada de León XIV en Barcelona: fe, multitudes y simbolismo catalán

La Ciudad Condal, volcada y acogedora, arropó el mensaje de paz y unidad del Santo Padre, que reunió a 40.000 personas en una vigilia de oración en el Estadio Olímpico

León XIV con un joven discapacitado y su familia en la Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia./ Fotos: Basílica de la Sagrada Familia/Pep Daude

León XIV con un joven discapacitado y su familia en la Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia./ Fotos: Basílica de la Sagrada Familia/Pep Daude

El papa León XIV afrontó ayer una de las jornadas más significativas de su viaje apostólico a España con una agenda concentrada en la capital catalana. Tras concluir su estancia en Madrid, el Pontífice se trasladó a Barcelona para protagonizar una serie de actos que combinan dimensión pastoral, institucional y popular, en una visita que ha movilizado a miles de fieles y un amplio dispositivo de seguridad.

La agenda del Santo Padre comenzó con su desplazamiento desde Madrid al aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat. A su llegada, León XIV fue recibido por el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, el presidente del Parlament, Josep Rull, el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, y representantes del Ejecutivo español. 

Primera parada: la Catedral de Barcelona

Tras abandonar el aeropuerto, el Pontífice se dirigió al corazón histórico de la ciudad. Su primera gran cita tuvo lugar en la Catedral de la Santa Creu i Santa Eulàlia, donde fue recibido por el cardenal arzobispo de Barcelona, Joan Josep Omella, y realizó la conocida plegaria de la hora sexta. Sus primeras palabras en la Catedral fueron recordando la visita a la ciudad de Juan Pablo II, en 1982, y a cómo reconoció a la ciudad y a sus ciudadanos como un lugar amplio y abierto. León XIV habló de construir en armonía y comunión más allá de toda polarización. Sus primeras palabras en catalán fueron: “Estimats amics, Barcelona, en aquest sentit, té una gran tradició d’església(“Querido amigos, Barcelona, en este sentido, tiene una gran tradición de iglesia”).

Su homilía tuvo un carácter pacificador y de unidad, dirigido tanto a la comunidad cristiana como al conjunto de la sociedad: “En un mundo desgarrado por guerras y divisiones, en una sociedad cada vez más individualista, queremos ser ‘mártires’, es decir, testigos y profetas de unidad, de acogida, de concordia y de paz, incluso a costa de sacrificios y renuncias. Barcelona es llamada ‘Cap i Casal de Catalunya‘. Lo que da a esta comunidad, a todos vosotros, barceloneses y catalanes, una vocación y una responsabilidad especial de convertiros, con la ayuda de Dios, en constructores de unidad”. 

Tras la oración y un momento de recogimiento en la capilla de Santa Eulàlia, el papa se dirigió a los fieles, que esperaban en una plaza de la Catedral totalmente abarrotada, con un a “Bon dia i bona hora” y les agradeció la paciencia por la larga espera. Tras eso, se ha retirado con un “adeu-siau” (“adiós”) hacia el Palacio Episcopal, siempre aclamado por la multitud, para almorzar, descansar y mantener audiencias privadas, entre ellas miembros de la orden de los agustinos y el presidente de la Generalitat de Catalunya, Salvador Illa. Fuentes del Ejecutivo han explicado que abordaron temas como el contexto internacional actual y la última encíclica del Pontífice, que trata los retos de los avances tecnológicos y sus efectos en la humanidad.

El gran acto del día: vigilia multitudinaria en el Estadio Olímpico

La cita central de este martes se celebró en el Estadio Olímpico Lluís Companys. Allí tuvo lugar una gran vigilia de oración multitudinaria con la participación de cerca de 40.000 asistentes, jóvenes, familias y peregrinos procedentes de distintos puntos de España y Europa: el evento más multitudinario y festivo de su paso por la ciudad condal.

Una de las principales novedades de la cita fue la instalación de 50 confesionarios en el interior del Estadio Olímpico. De esta forma, la Archidiócesis de Barcelona ha apostado por integrar las confesiones dentro del propio recinto, una fórmula distinta a la elegida en Madrid. 

La vigilia se estructuró en dos partes diferenciadas: una más lúdica y otra más solemne. Tras la apertura de puertas, la música fue la protagonista con las actuaciones de artistas como Sabor de Gràcia, Alfred García, Beret y Siloé, entre otros. Después el Papa accedió al estadio alrededor de las 20:00 horas en el papamóvil recorriendo la pista para saludar a los asistentes de forma cercana. 

El arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, dio la bienvenida a León XIV en un acto donde la colla castellera de Vilafranca del Penedès alzó una torre humana, símbolo de esfuerzo y unidad. Durante el encuentro, Omella expresó: «Estamos muy felices, esta es la juventud del Papa. Todos somos jóvenes hoy con el Santo Padre, que conecta con nosotros».

El Papa dirigió la vigilia con un formato más participativo que una ceremonia litúrgica tradicional. Durante el encuentro hubo momentos para preguntas formuladas por jóvenes sobre cuestiones sociales y espirituales, lecturas del Evangelio y distintos momentos de oración compartida.

Especialmente emotivos fueron los tres testimonios que permitieron abordar temas cruciales como la fe y el perdón, pasando por cuestiones como la salud mental o la violencia hacia las mujeres.

En primer lugar, Ferran, de la Parroquia de la Sagrada Familia, preguntó cómo podemos mantener la mirada alzada hacia lo que de verdad importa. El Papa respondió en catalán y castellano: “Numeroso jóvenes y adultos están redescubriendo la fe cristiana, se trata de un paso realmente importante”. Además, añadió: “Nuestro deseo de verdad y de felicidad necesita un horizonte más grande”. En la misma línea, el pontífice profundizó: “Cuando las personas aprenden a detenerse, a dar valor a las cosas importantes, a apreciar el tiempo de modo nuevo y a pensar en la propia vida dejándose iluminar por el Evangelio, desarrollan también un pensamiento crítico respecto a un sistema social que no pone a la persona en el centro y provoca situaciones de injusticia y de pobreza existenciales a diversos niveles”.

Posteriormente, Carmina, una joven profesora de secundaria le preguntó sobre la depresión y explicó, emocionada, que ella misma luchó en silencio contra la enfermedad durante muchos años. El Papa visibilizó el problema de la salud mental y la importancia de dedicarle recursos, afirmando: “En contacto con Jesús aun quien se siente perdido puede levantarse”. El Santo Padre remarcó que la salud mental debe ser una prioridad del sistema sanitario y concluyó: “En las horas de dolor, debemos abrirnos a alguien que nos ayude y nos acompañe. No debemos espiritualizar el dolor. Dios no quiere sufrimiento, recordemos lo que decía el Papa Francisco: con Dios la vida renace siempre”.

El tercer testimonio fue Desiré, una joven de 20 años que estudia derecho, explicó su dura historia familiar, marcada por el intento de asesinato de su padre a su madre, y preguntó sobre el perdón. El Papa contestó: “El perdón es un signo de la gracia de Dios. La violencia contra las mujeres es una realidad dramática. Estamos llamados a abordarla todos sea personalmente, sea como sociedad. No podemos atribuir a Dios lo que ha sido confiado a nuestra personalidad. Si existe la violencia, debemos hacernos preguntas a nosotros mismos y no a Dios”.

Seguidamente, el Papa pronunció la homilía durante la vigilia de oración, destacando que «estamos llamados a dialogar con la penumbra de nuestra condición humana». En su alocución, el pontífice exhortó a los presentes a mantener una actitud constante de reflexión: «No dejemos de preguntarnos, de buscar, de dialogar, con Dios y con nosotros». Asimismo, defendió la necesidad de construir «una sociedad donde cada uno es respetado en su dignidad de persona y amado por lo que es»

Con la bendición acabó la parte litúrgica, y llegaría el turno del canto del Virolai por la Escolanía de Montserrat, y la actuación de Sergio Dalma.

Una jornada de transición hacia el gran día en la Sagrada Familia

Aunque la actividad del martes concentró una gran expectación, la visita de León XIV a Barcelona alcanzará hoy su momento culminante con los actos previstos en la Basílica de la Sagrada Familia, donde el Pontífice participará en la inauguración de la Torre de Jesucristo y presidirá una de las celebraciones más multitudinarias de todo su viaje a España. 

La jornada de este martes, sin embargo, ha dejado una imagen poderosa: la de un Papa que llega a Cataluña entre una fuerte acogida popular y con la voluntad de situar en el centro de su mensaje cuestiones como la fraternidad, la acogida y el papel de la Iglesia en la sociedad contemporánea.