Anatomía de la Nunciatura en España: 500 años entre liturgia y diplomacia de alto nivel

Con la visita de León XIV, la legación de la calle Pío XII ha reactivado discretamente sus históricos engranajes como la embajada permanente más antigua del mundo

Sede de la Nunciatura Apostólica en Madrid./ Foto: Conferencia Episcopal Española

Sede de la Nunciatura Apostólica en Madrid./ Foto: Conferencia Episcopal Española

Más allá de los discursos, eventos multitudinarios o los encuentros litúrgicos, la histórica visita de Su Santidad el papa León XIV a suelo español, supone un nuevo capítulo de una relación bilateral con más de medio milenio de historia. Es hora de repasar una relación muy especial.

En el epicentro de esta red de relaciones institucionales se erige la figura de la Nunciatura Apostólica en Madrid, una delegación diplomática que combina la profundidad histórica de más de 500 años con los desafíos eclesiales y legislativos propios del siglo XXI.

Un perfil de escuela curial 

Actualmente, la legación pontificia en España se encuentra bajo la dirección del arzobispo italiano Monseñor Piero Pioppo. Nombrado por el papa León XIV en septiembre de 2025 tras la concesión del plácet gubernamental, asumió formalmente sus funciones en Madrid en diciembre. Nacido en Savona en 1960 y doctor en Teología Dogmática, Pioppo es un claro exponente de la carrera diplomática forjada en la Academia Pontificia Eclesiástica y su nombramiento no estuvo exento de críticas. Para sus detractores no juega a su favor el haber sido secretario personal de Angelo Sodamo, secretario de Estado de Juan Pablo II, gran defensor de Pinochet y de Marcial Maciel o su labor como responsable del IOR en los últimos años de Benedicto XVI.

La agenda de Pioppo frente a la administración española se centra en la gestión de expedientes de alta sensibilidad jurídica y social como la resignificación del Valle de Cuelgamuros, las comisiones Iglesia-Estado sobre indemnizaciones por los abusos o sobre los impuestos; y el nombramiento de una decena de obispos para diócesis que próximamente quedarán vacantes.

La Nunciatura permanente más antigua del mundo

Cuestiones de calado que, para el analista contemporáneo, resulta imposible desvincular de la perspectiva histórica. Las raíces institucionales se remontan a finales del siglo XV, en una coyuntura donde los Reyes Católicos consolidaban la unidad peninsular e iniciaban la proyección atlántica. 

Fue el papa Alejandro VI quien decidió transformar los antiguos envíos temporales de legados en una estructura de representación permanente, designando en el año 1492 al clérigo balear Francisco des Prats como el primer nuncio permanente en la corte de Isabel y Fernando. Esta decisión sentó las bases de la Nunciatura permanente más antigua del mundo. 

Las actas de correspondencia guardadas en la Secretaría de Estado vaticana revelan una faceta pragmática de aquellas primeras misiones. Francisco des Prats expresaba recurrentemente en sus misivas a Roma la enorme dificultad logística de mantener el ritmo de la corte itinerante de los Reyes Católicos, careciendo en ocasiones de los fondos necesarios para sufragar la caballería y el envío de correos exprés a través de Europa. Lo que hoy es una infraestructura consolidada, comenzó como una aventura al límite de los recursos de la época. 

La evolución de un equilibrio de poder

Tras des Prats, la historia de esta relación diplomática no ha sido una línea recta de sumisión, sino un fascinante estira y afloja entre soberanos poderosos. Podemos destacar los reinados de Carlos V o Felipe II que defendieron con uñas y dientes su derecho a controlar el nombramiento de obispos y la recaudación de ciertos impuestos eclesiásticos en sus territorios. Sin duda, el nuncio en Madrid tenía una de las plazas más difíciles de la diplomacia europea: representar al Papa ante el «Imperio donde nunca se ponía el sol».

Otro periodo en el que la diplomacia tuvo que dar su mejor versión fue con la llegada de los Borbones a España ya que las tensiones aumentaron. El Estado buscaba limitar la influencia jurídica de Roma en suelo español. Los nuncios tuvieron que mutar de figuras puramente religiosas a negociadores políticos de primer nivel. Y ya en los siglos XIX y XX, la relación se modernizó a través de los Concordatos: el de 1851 estabilizó las relaciones tras las desamortizaciones del siglo XIX, y el de 1953 redefinió el papel de la Iglesia en el siglo XX, abriendo paso a los Acuerdos vigentes de 1979.

En el marco de las relaciones internacionales actuales, la visita de León XIV pone de relieve la vigencia del llamado Soft Power del Vaticano con una influencia singular basada en la autoridad moral, la mediación en crisis humanitarias mundiales y la defensa del multilateralismo. Es en este escenario donde la embajada de la calle Pío XII sigue actuando, tras cinco siglos de historia, como herramienta de primer nivel geopolítico para la estabilidad y el diálogo en el entorno iberoamericano.