Es el momento de la solidaridad con Venezuela. Llegará el momento de poner sobre la mesa las críticas, si es necesario. Pero ahora mismo toca mostrar empatía y ofrecer toda la ayuda posible, cada uno la que sea capaz dentro de sus posibilidades.
He visto y escuchado opiniones críticas en estos días respecto a la situación económica en que el Gobierno de Maduro —en realidad con una sola diferencia respecto al actual: el propio Maduro— dejó al país. Pero insisto: no es el momento.
Las noticias que llegan desde Venezuela son desoladoras por la magnitud de la catástrofe. Se empieza a dar por hecho que, lamentablemente, las cifras de fallecidos ascenderán a varios miles de personas, los heridos serán al menos el doble de los fallecidos y a todos ellos habrá que sumarles un número mayor de desaparecidos. En total, serán millones los venezolanos afectados por el terremoto y que necesitarán ayuda inmediata y de todo tipo.
Ante este panorama, resulta alentadora la reacción de la comunidad internacional, desde Argentina y Chile hasta Canadá y Estados Unidos, pasando por toda Europa, Asia y África. El mundo entero se ha volcado con este desastre.
También los voluntarios han dado un enorme ejemplo. Nadie les ha llamado, ni ha coordinado su actuación. Pero, como hemos visto en otras catástrofes, se han lanzado a ayudar a pecho descubierto, con sus camionetas, recopilando medicinas, agua o alimentos, dando un ejemplo de solidaridad ciudadana del que las autoridades deberían tomar nota.
Pero dejemos eso también apartado, de momento. Las prioridades son ahora el rescate y la protección de los damnificados; la organización de la ayuda y el alojamiento a quienes se han quedado sin casa, sin nada; y la prevención de la extensión de enfermedades.
Una vez asegurado eso, es urgente la reconstrucción para una población que ya vivía en la pobreza y que ahora se encuentra rodeada de escombros.
Esa reconstrucción no será suficiente si no se acompaña de una verdadera recuperación económica. Los venezolanos llevan ya demasiado tiempo viviendo o mejor dicho, sobreviviendo al día, para tener que quedarse simplemente con la idea de que ya les hemos ayudado a rescatar a aquellos sepultados bajo los escombros. Necesitan ya una verdadera inyección económica que reconstruya el país de arriba abajo.
No estoy sugiriendo que eso signifique que se olviden los desmanes de quienes malgobernaron el país durante dos décadas. Lo que digo es que esas responsabilidades deberán exigirse después de haber logrado lo importante: sacar al pueblo venezolano de la pesadilla que ha vivido y que estos terremotos solo han evidenciado en toda su crudeza.
Cuando se haya logrado encarrillar esa reconstrucción integral de las zonas afectadas y la recuperación económica de todo el país, entonces si que se podrá señalar a los responsables de la verdadera catástrofe venezolana, que no han sido sólo estos terremotos, y exigirles que paguen por lo que han hecho al país.
Ahora, resulta triste decirlo, hay que pensar que este doble terremoto puede ser una oportunidad era Venezuela. La Administración Trump ha dado un primer paso al levantar algunas de las sanciones que mantenía sobre el país caribeño. Pero hay que ir más allá. Si se pone en marcha un verdadero plan de recuperación a medio plazo, el crecimiento económico puede ser mucho más rápido que en circunstancias, digamos, normales.
Todo esto dependerá, fundamentalmente, de Donald Trump que, en un nuevo ejercicio hiperbólico, ya ha anunciado ayuda: ¡150 millones de dólares! Ok. estamos hablando de ayuda inmediata para las necesidades más urgentes. Eso soy capaz de entenderlo. Pero también hablo de reconstruir un país que actualmente tiene una deuda de 240.000 millones de dólares. Y me van a permitir que exprese mi desconfianza sistemática por los anuncios de Donald Trump, a pesar de que ya ha presumido de que, textualmente, «estamos ganando mucho dinero con Venezuela.» Es el momento de devolver ese dinero al país que lo ha generado, si es que es verdad.
Porque a Reump ya le pasó con Puerto Rico en 2017, cuando el huracán María arrasó la isla. En 2019 la página web FactCheck.org comparó lo dicho y lo hecho. Frente a la afirmación de Trump —“Puerto Rico recibió 91.000 millones de dólares”— la realidad de los datos oficiales confirmó que las ayudas que llegaron a Puerto Rico fueron 11.200 millones. Veremos que es capaz de hacer el inquilino de la Casa Blanca por sus “nuevos grandes amigos”. Las hipérboles no dan de comer.







