España y EE.UU. ante el 4 de julio: de la alianza histórica al nuevo orden global

El pragmatismo empresarial y la cooperación en proyectos de vanguardia actúan como contrapeso frente al distanciamiento político coyuntural entre ambas administraciones 

Imagen: btgbtg / iStock

Imagen: btgbtg / iStock

La conmemoración del Día de la Independencia de los Estados Unidos este 4 de julio de 2026 se produce en un momento de profunda dualidad para las relaciones entre Madrid y Washington. El ambiente está marcado por una complejidad geopolítica sin precedentes, donde la solidez de los vínculos económicos y empresariales actúa como el contrapunto necesario a las recientes tensiones políticas. En este artículo analizamos cómo la densa red de intereses bilaterales sostiene una alianza que, a pesar de los desafíos coyunturales, sigue siendo un pilar estratégico para España.

La celebración del 250 aniversario de la declaración de independencia de Estados Unidos llega tras meses de alta tensión diplomática. La imposición de aranceles, las fisuras dentro de la Alianza Atlántica a cuenta del gasto en defensa, la firme oposición a la intervención militar en Irán, la advertencia de mayores sanciones comerciales y la amenaza de retirada de tropas son solo algunos de los temas que evidencian este distanciamiento político entre ambas administraciones. Sin embargo, la realidad sobre el terreno muestra que, incluso en plena crisis política, los canales de cooperación técnica permanecen abiertos

Y así lo ponen de manifiesto las cifras económicas, que describen una relación de una profundidad asombrosa. Estados Unidos se ha consolidado como el principal destino de la inversión española en el exterior. En 2024, las empresas españolas contaban con activos en suelo estadounidense por valor de más de 102.600 millones de euros, lo que representa el 15,8% del stock total de inversión de España fuera de sus fronteras.

Esta presencia es especialmente dominante en sectores regulados de alto valor estratégico. La energía lidera esta posición con 39.000 millones de euros, seguida de las actividades financieras (25.600 millones) y las infraestructuras (10.800 millones). La resiliencia de este flujo financiero es tal que, entre 2019 y 2023, la inversión extranjera directa de Estados Unidos en España aumentó casi un 77%, situándose en un 26,9% del total de la inversión recibida por el país.

Pero el actual panorama de incertidumbre geopolítica también se traduce en cierta cautela en el optimismo que transmiten las empresas. Según el primer Barómetro sobre el Clima y las Perspectivas de la Inversión Española en EE. UU., el 56% de las empresas españolas considera que el clima de negocios es «bueno» o «excelente». Un abrumador 96% de las compañías planea mantener su presencia en el país en los próximos cinco años, y el 63% tiene previsto realizar nuevas inversiones.

No obstante, la sombra del proteccionismo no pasa desapercibida. El 58% de las empresas identifica los aranceles como el principal riesgo para sus operaciones en 2026. Esta preocupación es particularmente aguda en regiones como Andalucía y Cataluña, cuyos sectores de alimentación (con el aceite de oliva a la cabeza) y productos químicos son especialmente vulnerables a cambios en la política comercial de Washington.

Por todo ello, el panorama del intercambio de bienes muestra signos de fatiga. En 2025, las exportaciones españolas a EE. UU. cayeron un 8%, situándose en 16.716 millones de euros. En contraste, las importaciones crecieron un 7%, impulsadas fundamentalmente por la compra de gas y medicamentos. Este desfase ha ensanchado el déficit comercial de España con Estados Unidos en un 34,4%, alcanzando los 13.458 millones de euros.

Frente a estos datos, la diplomacia de «bajo perfil» o técnica ha logrado avances significativos. En 2024 se firmó un nuevo Convenio de Seguridad Social que mejora la protección de miles de trabajadores en ambos países, estimulando la movilidad laboral. Asimismo, la firma de acuerdos para la cooperación en ciencia y tecnología —especialmente en energía de fusión y el experimento de neutrinos DUNE— subraya que el intercambio de conocimiento sigue siendo un terreno fértil ajeno a las disputas políticas.

Incluso en el ámbito de la defensa, donde la fricción política es mayor, la simbiosis industrial es innegable. Recientemente, seis empresas españolas se adjudicaron un contrato marco de 100 millones de dólares para el mantenimiento y modernización de la Base Naval de Rota. Este acuerdo garantiza que la infraestructura roteña siga siendo operativa para las fuerzas de la OTAN, al tiempo que inyecta capital y empleo en la economía local de Cádiz y Sevilla.

Al celebrar este 4 de julio, la lección para la diplomacia española es clara: la relación con Estados Unidos no es un bloque monolítico que depende exclusivamente de la sintonía entre presidentes. Es, más bien, una estructura de múltiples capas donde la densidad de los vínculos empresariales, científicos y sociales ofrece un colchón de seguridad frente a las turbulencias políticas.

En un contexto donde España busca su propia autonomía estratégica dentro de la Unión Europea, el vínculo transatlántico se redefine como una alianza de mutuo beneficio económico que sobrevive a las crisis de seguridad. El reto para Madrid en este día nacional será celebrar la herencia común de libertad e independencia, mientras protege con pragmatismo los intereses de sus empresas en el mercado más relevante fuera de la Unión Europea.