Cada 30 de julio, Marruecos conmemora la entronización del rey Mohammed VI, una celebración que simboliza la continuidad institucional del Reino y el vínculo entre la monarquía y la sociedad marroquí. La efeméride se convierte en una cita diplomática de primer orden, ya que las representaciones marroquíes en todo el mundo organizan recepciones y encuentros.
En este contexto, la relación entre España y Marruecos atraviesa uno de sus momentos más estables y constructivos de las últimas décadas. A apenas catorce kilómetros de distancia, separados por el Estrecho de Gibraltar, España y Marruecos han construido una de las relaciones bilaterales más intensas, complejas y estratégicas del entorno europeo y mediterráneo. Más allá de las tensiones históricas o los desacuerdos políticos puntuales, ambos países mantienen hoy una interdependencia, especialmente en el ámbito económico, que los convierte en socios indispensables.
Una nueva etapa diplomática
La actual fase de entendimiento tiene un origen muy concreto. El punto de inflexión se produjo con la declaración conjunta firmada el 7 de abril de 2022 tras el respaldo de España a la propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara Occidental. Aquel movimiento permitió superar una de las crisis diplomáticas más profundas entre ambos países y sentó las bases de una nueva hoja de ruta basada en la confianza mutua, el diálogo permanente y el compromiso de evitar acciones unilaterales que pudieran afectar a la relación. No obstante, la cuestión del Sáhara Occidental continúa formando parte de la agenda diplomática internacional y sigue pendiente de una solución impulsada en el marco de Naciones Unidas.
Lejos de tratarse de un entendimiento coyuntural, la celebración de la Reunión de Alto Nivel (RAN) en Rabat en 2023 y las sucesivas visitas de responsables políticos y ministros de ambos países han consolidado institucionalmente esta nueva etapa. El resultado es un marco de cooperación más estructurado, con mecanismos de diálogo político regulares y una voluntad compartida de reforzar la colaboración.
España y Marruecos desempeñan un papel fundamental en la estabilidad de la región y en la articulación de las relaciones entre Europa y África. La posición geográfica de ambos países les otorga una responsabilidad compartida en ámbitos tan sensibles como la gestión de los flujos migratorios, la seguridad marítima, la lucha contra el terrorismo y el desarrollo de corredores comerciales y energéticos. En un contexto internacional marcado por la creciente competencia geopolítica y por la búsqueda de nuevos espacios de cooperación entre ambos continentes, la capacidad de Madrid y Rabat para mantener un diálogo fluido y una colaboración pragmática resulta cada vez más relevante para la estabilidad regional y para la proyección europea hacia África.
Durante los últimos años, España y Marruecos han intensificado la colaboración entre sus fuerzas de seguridad e instituciones competentes en ámbitos como la lucha contra el terrorismo yihadista, el crimen organizado, el narcotráfico y las redes de tráfico de personas. Esta coordinación, reconocida en numerosas ocasiones por ambos gobiernos, se ha convertido en un elemento esencial para la estabilidad del Mediterráneo occidental y para la protección de las fronteras exteriores de la Unión Europea.
Un socio comercial prioritario
España se ha consolidado desde 2012 como el primer socio comercial de Marruecos. En términos agregados, el volumen de comercio entre ambos países supera los 22.500 millones de euros anuales.
La relación económica se desarrolla principalmente bajo el paraguas del Acuerdo Euromediterráneo de Asociación entre la Unión Europea y Marruecos, que establece una zona de libre comercio industrial y constituye el principal marco regulador de los intercambios comerciales. Marruecos es el primer mercado de España en África. A ello se suma un elemento especialmente relevante: España mantiene una balanza comercial favorable, con un superávit superior a los 3.000 millones de euros.
Más allá de las cifras comerciales, la presencia empresarial española en Marruecos constituye otro indicador de la profundidad de los vínculos económicos entre ambos países. Más de 350 empresas españolas operan actualmente en territorio marroquí, apoyadas por entidades como el Club de Empresarios Españoles en Marruecos (CEEM) y la Cámara Oficial de Comercio de España en Casablanca. Para muchas empresas españolas, el mercado marroquí no solo es un destino final, sino también un hub para la expansión hacia otros mercados emergentes.
Las compañías españolas tienen una presencia destacada en sectores estratégicos como las infraestructuras, la energía, la banca, la automoción, el agua, el transporte y las nuevas tecnologías. Su participación ha contribuido al proceso de modernización económica del Reino y a la consolidación de cadenas de valor industriales cada vez más integradas entre ambas orillas del Estrecho. La reciente financiación de proyectos ferroviarios vinculados a la preparación del Mundial de Fútbol de 2030 constituye una muestra de esta cada vez mayor colaboración económica y tecnológica.
El contexto económico marroquí añade una dimensión relevante a la relación. El país atraviesa una fase de transformación estructural, con tasas de crecimiento sostenidas y un progresivo aumento de la complejidad de su economía. De acuerdo con estimaciones internacionales, Marruecos mantiene un crecimiento superior al 4%, impulsado por la inversión en infraestructuras, el turismo y un sector exportador cada vez más dinámico. Uno de los hitos más significativos es que el país ya genera más ingresos exportando automóviles que fosfatos, reflejo de su avance industrial.
Energía: una nueva dimensión estratégica
Uno de los ámbitos que mejor ilustra la madurez del vínculo es el energético. En los últimos años se ha producido una transformación geopolítica de gran relevancia que ha reforzado la interdependencia entre ambos países.
Tras el cierre en 2021 del gasoducto Magreb-Europa como vía de suministro de gas argelino hacia España, Madrid y Rabat acordaron invertir el sentido de su flujo para permitir el transporte hacia Marruecos de gas natural adquirido en los mercados internacionales y regasificado en terminales españolas. A esta cooperación se suman las dos interconexiones eléctricas submarinas ya existentes bajo el Estrecho de Gibraltar y los planes para ampliar la capacidad de conexión entre ambos países mediante un tercer enlace. Estas infraestructuras configuran un auténtico corredor energético entre Europa y África.
Los retos pendientes
A pesar del excelente momento político y económico, una relación tan intensa no está exenta de cuestiones pendientes. La normalización de las aduanas comerciales de Ceuta y Melilla sigue avanzando a un ritmo inferior al esperado por los sectores empresariales de ambas ciudades. Igualmente, la gestión de los flujos migratorios, la cooperación pesquera y la coordinación en materia de seguridad seguirán siendo ámbitos esenciales de la agenda bilateral.
