Bajo el lema ‘Sigue estando en nuestras manos combatir la pobreza y la desigualdad’, el pasado 17 de julio la embajadora de Sudáfrica, Sankie Mthembi-Mahanyele, celebró el Día Internacional de Nelson Mandela 2026 en el Colegio Garcilaso De la Vega en la ciudad de Toledo.

El evento consistió en la narración de cuentos en colaboración con el Ayuntamiento de Toledo, en el que se contó la historia del ex presidente sudafricano Nelson Mandela a niños escolares de la ciudad de Toledo entre 7 y 12 años.
La embajadora Sudafricana estuvo acompañada por la vicealcaldesa de Toledo, Inés Cañizares, y el concejal de Educación, Daniel Morcillo; y relató la historia de la vida de Nelson Mandela a dos grupos de escolares, uno de niños de entre 10 y 12 años y otro de niños de entre 7 y 9 años. Tras la presentación de la embajadora Sankie Mthembi-Mahanyele, los niños respondieron con entusiasmo a preguntas sobre la vida del ex presidente Mandela. Al mismo tiempo, un gran grupo de niños más pequeños, de entre 3 y 6 años, fue invitado a hacer dibujos en color que representaban a Nelson Mandela y la bandera sudafricana.
La vicealcaldesa de Toledo expresó su gratitud a la embajadora por elegir Toledo para conmemorar el Día Internacional de Nelson Mandela, “una fecha tan significativa para la humanidad en su conjunto”, mientras que el concejal de Educación también agradeció a la Embajada por haber contribuido a que el presidente Nelson Mandela se conozca mejor como “un icono global para todos los que luchan por la justicia y la libertad en el mundo”.
El 18 de julio de 2013, el Pleno del Ayuntamiento de Toledo aprobó una propuesta para cambiar el nombre de la calle “18 de julio” en Toledo por la calle “Nelson Mandela”, como homenaje a la lucha del ex presidente sudafricano por la justicia y la igualdad.
El presidente Nelson Mandela (18 de julio de 1918 – 5 de diciembre de 2013), al abordar la lacra de la pobreza, el sufrimiento y la privación, dijo: “La educación es el arma más poderosa que se puede usar para cambiar el mundo”.
Tras permanecer encarcelado durante 27 años (1962-1989) acusado de conspiración para derrocar al gobierno y sentenciado a prisión perpetua, se sucedieron numerosas campañas internacionales que abogaron por su liberación, y fue excarcelado en 1990 en medio de una convulsión social en Sudáfrica. Nelson Mandela presidió el gobierno de su país de 1994 a 1999, dedicándose a desmontar la estructura social y política heredada del apartheid a través del combate del racismo institucionalizado, la pobreza, la desigualdad social y la promoción de la reconciliación social.
Tras una labor social drástica y a favor de la igualdad en Sudáfrica y un trabajo muy influyente a nivel internacional en diversos conflictos políticos, tras retirarse de la vida pública, se dedicó a obras de caridad y al combate a la pandemia del sida a través de la Fundación Mandela.
El ex presidente Mandela significó para África la emancipación y la dignidad, como máximo exponente de la lucha contra el colonialismo y el racismo institucionalizado del apartheid. Asimismo, representó el orgullo continental al elevar la voz y la relevancia histórica de los pueblos africanos y afrodescendientes en la escena global. Y demostró que un continente herido por divisiones artificiales y violencia sistémica podía autogobernarse bajo los principios de la democracia y la justicia social.
“Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión. La gente aprende a odiar. También se les puede enseñar a amar. El amor llega más naturalmente al corazón humano que lo contrario”, subrayó el ex presidente sudafricano en una ocasión.
Sudáfrica cambió radicalmente bajo su mandato presidencial. No sólo acabó con el racismo del apartheid (permitido por todo el mundo por razones económicas y luego condenado por los mismos que miraron hacia otro lado sabiendo lo que sucedía). Sus reformas sociales en favor de la ciudadanía, en general, sin distinciones de raza ni color se plasmaron, por ejemplo, en su política de protección social, que se incrementó un 13 % en el periodo 1996/97 y se mantuvo en 1997/98, aunque se rebajó un 7 % en 1998/99. Al mismo tiempo, el gobierno implantó beneficios igualitarios para las comunidades, lo que incluía a personas con discapacidades, la manutención de infantes y las pensiones para adultos mayores, los cuales habían sido otorgados en función de los grupos raciales antes de su gestión.
“Una nación no debe juzgarse por cómo trata a su ciudadanía con mejor posición, sino por cómo trata a quienes tienen poco o nada”, señaló Mandela.
Para el mundo, Mandela representó, y a día de hoy lo sigue haciendo, un símbolo de los derechos humanos, un icono universal de paz galardonado con el premio Nobel de la Paz en 1993, equiparable a las mayores figuras pacifistas de la historia.
El perdón como herramienta política y su capacidad para tender puentes con sus antiguos verdugos y evitar una guerra civil racial en Sudáfrica establecieron un nuevo estándar ético para la resolución de conflictos. Por todo esto, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) instituyó su fecha de nacimiento, el 18 de julio, como el Día Internacional de Nelson Mandela para recordar que cada individuo tiene el deber de transformar el mundo.
“La erradicación de la pobreza no es un gesto de caridad”, aseveró. “Es un acto de justicia. Es la protección de un derecho humano fundamental, el derecho a la dignidad y a una vida decente. Mientras persista la pobreza, no habrá verdadera libertad.”
Tras 27 años de injusto encierro, su figura enseñó que la libertad personal y colectiva no se transige ni se vende a cambio de renuncias políticas. Su visión trascendió el rencor; comprendió que el opresor también está preso del odio y que liberar al oprimido significa, en última instancia, devolverle la humanidad al opresor.
En 2015, dos años después de su fallecimiento, la Comisión de Prevención del Delito y Justicia Penal de la ONU adoptó las Reglas de Mandela, una revisión esencial de las normas internacionales sobre el tratamiento de los reclusos. Estas reglas, que refuerzan la protección de los derechos humanos en las prisiones, incluyen la prohibición absoluta de la tortura y el abuso, así como restricciones sobre el aislamiento y el trato cruel.









