Los ocho de Pedro Sánchez, o cómo las calculadoras electorales están que arden

Sánchez, la semana pasada en la base de Torrejón, durante la presentación de la campaña de lucha contra los incendios forestales 2026./ Foto: Pool Moncloa/Fernando Calvo

Sánchez, la semana pasada en la base de Torrejón, durante la presentación de la campaña de lucha contra los incendios forestales 2026./ Foto: Pool Moncloa/Fernando Calvo

Agotará Sanchez la legislatura?”, me pregunta un amigo al que, personalmente, le importa lo mismo que a mí el futuro del presidente del Gobierno. Incluso menos, porque él es extranjero. Así que, en nuestra realidad cotidiana, la de la tostada y el café diarios en el bar de siempre, los dos nos jugamos poco, la verdad. Pero especulamos mucho, por qué negarlo.

Claro que nos importa lo que pase en las alturas del Gobierno si hablamos de impuestos, de inflación, de empleo, de pensiones y de otras “minucias” que nos afectan a los que andamos por la vida sin un yate que echarnos al puerto más cercano.

Pero tambien está la política, la de los políticos profesionales, ya saben, esos que salen en la tele y no hay dios que los entienda. Esos sí que se juegan el condumio. Y a nosotros nos toca seguir votándoles, cada uno en nuestro país, aunque no se lo merezcan. Peor es vivir en una dictadura y nosotros somos ciudadanos sensatos y responsables que todavía pensamos que esto se puede regenerar. 

Así que vuelvo a la pregunta y me quedo pensando antes de responder. “¿Agotará Sánchez la legislatura?”, me repito. La respuesta es que agotar la legislatura y celebrar elecciones en julio de 2027 ya no depende estrictamente de él, aunque estoy seguro de que le gustaría llegar a julio… y más allá.

Pero son sus socios los que al final, y de acuerdo a sus propios intereses electorales, decidirán el destino del único presidente español que ha conseguido aglutinar una mayoría parlamentaria de ocho partidos, fundamentalmente nacionalistas (incluso de derechas) y de “la izquierda a la izquierda” del PSOE (los que en otros tiempos fueron comunistas, para entendernos).

Y aquí nos encontramos con un panorama de pura tragicomedia nacional al cabo de cuatro años en los que las cuadernas del barco gubernamental han crujido, siniestra y constantemente, pero nunca se han partido. A ningún miembro de esa extraña tripulación le interesó nunca y seguro que sigue sin interesarle que el acuerdo se rompa. Todos tienen claro que, sin un gobierno como éste, su influencia en la política nacional queda anulada. Otra cosa es que las circunstancias obliguen.

Las circunstancias se llaman, en las próximas semanas: 1) consecuencias del registro de la sede del PSOE, con el caso Cerdán-Abalos de fondo; 2) imputación de José Luis Rodríguez Zapatero y el caso Plus Ultra; 3) juicio contra el “hermanito” de Sánchez en la Audiencia de Badajoz esta semana; y 4) citación de Begoña Gómez a declarar ante el juez por presuntas corruptelas diversas en próximos días. Demasiados frentes para un sólo hombre.

Con el calendario de comparecencias en la mano, todos los partidos —sobre todo vascos y catalanes— se han puesto a calcular cuándo les conviene que se celebren las elecciones. Y las calculadores echan humo porque lo que les cuadra por un lado, se les desencuaderna por otro.

Formalmente el Partido Nacionalista Vasco (PNV) ya está pidiendo el adelanto electoral… con la boca pequeña. No quieren que el PSOE les arrastre en su debacle, pero tampoco quieren quedar  como los culpables de que caiga Sánchez y ser candidatos a integrar la ‘fachosfera’. Por otra parte, ante sus propias elecciones autonómicas y locales, los peneuvistas (derecha tradicional y católica vasca de toda la vida) lo que más temen es que les adelante EH Bildu (extrema izquierda independentista). Y las encuestas dicen que eso puede ocurrir. 

El PNV lleva más de 40 años controlando el poder en el País Vasco. Perderlo sería una catástrofe para muchos de sus cuadros, que se quedarían sin trabajo, además de que se evaporaría su influencia política en Madrid. Así que resumamos lo que quiere el PNV: adelantar las elecciones, quizá a finales de este año… ¿o no? Depende. ¡Uf, que lío!

En EH Bildu no hay ningún motivo para apoyar una moción de censura, pedir un adelanto electoral o siquiera sugerir que a lo mejor habría que “hacer algo” frente a la corrupción. Su caso es el que mejor define la “felicidad política”: no tienen que hacer nada para ser influyentes. En resumen, EH Bildu son ‘fans’: Sánchez ‘forever’. 

Vamos a ver qué quieren en Esquerra Republicana de Catalunya (ERC). Aquí las cosas parecen tambien claras. A ERC le va bien con Sánchez en Madrid y el PSC en la Generalitat. Su portavoz ya ha dicho que el presidente debe agotar la legislatura pero debe cumplir lo pactado con ellos antes de convocar elecciones. Resumen: ERC quiere «aprovechar el tiempo que quede» para pedir lo suyo. Eso sí, manteniendo a Sánchez.

Por completar el asunto catalán, los chicos/as de Carles Puigdemont ya dijeron que a ellos el futuro de Sánchez les daba igual, que ya les había engañado varias veces y que no confiaban en él. Pero no se les pasa por la imaginación apoyar una moción de censura contra él. Después de todo, tampoco ha mandado a la Guardia Civil a detener a Puigdemont. Y su principal preocupación ahora es la ultraderechista Silvia Orriols, que puede quedarse con buena parte de sus electores. El voto de Junts: esperar, criticar y ver.

El resto de fuerzas política nacionalistas —Bloque Nacionalista Galego (BNG) y Coalición Canaria— que apoyan al Gobierno Sánchez con sus únicos respectivos diputados gozan de una magnifica posición irrelevante, así que mejor si no se dejan ver en este maremágnum. Estrategia: ¡agacha esa cabeza, hombre!

Y llegamos a Sumar y Unidas Podemos. Estos dos si que están hechos un lío. Sumar encima sigue en el Gobierno. El equilibrismo político de los ministros de Sumar está siendo encomiable. Es un constante “sí, pero no” que nos les deja en muy buen lugar. Pero es que están reflejando lo que quieren esos votantes de la “izquierda a la izquierda”: más firmeza frente a la corrupción pero sin concesiones a la derecha. Algo que en este momento, si no es imposible, es simplemente imposible (no me he equivocado en la frase, no).

Algo más rotundos son desde Unidas Podemos, un poco más libres desde que salieron de Sumar, aunque tampoco están tirando cañonazos contra Ferraz. Son más críticos que los de Yolanda Díaz, con los que compartían lecho hasta no hace mucho, pero o no quieren o no pueden pasarse, eso no se sabe. Debe ser el ‘efecto Sánchez?, ese poderoso anestésico que ha dejado a la “izquierda de la izquierda” en una nostálgica lipotimia sin final a la vista. Resultado: ¡Que venga un médico, es urgente!

No contemplamos en este articulo, por si se lo están preguntando, lo que puedan pedir PP, Vox o UPN porque 1) ya lo sabemos; y 2) da igual porque no les van a hacer caso.

Entonces, volviendo a la pregunta original —recuerden: “¿Agotará Sanchez la legislatura?”—, como no sea porque el PNV apoye una moción de censura —no es suficiente con abstenerse en las votaciones y ni siquiera votar en contra— o que Pedro Sánchez reciba una oferta que no pueda rechazar como asesor de Trump, pongamos por caso, pueden apostar a que habrá elecciones en 2027, no antes… Salvo que las encuestas digan que el PNV perderá por goleada las próximas elecciones en el País Vasco o la calculadora electoral del presidente descubra una fecha mejor.

¡Qué curioso! 1.200 palabras después, no hemos llegado a ninguna conclusión. Mi amigo paga la cuenta y quedamos en que la próxima vez especularemos mejor.