En este año se celebra el 250 Aniversario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos que, según el prestigioso historiador estadounidense Larie Ferreiro, iba dirigida más que al Gobierno de Inglaterra a las potencias europeas rivales, Francia y España, como requisito imprescindible para que las colonias rebeldes pudieran solicitar el apoyo de esos estados soberanos.
Inmediatamente de haberse proclamado la independencia, el Congreso mandó a Europa una delegación integrada por Benjamín Franklin, Arthur Lee y Silas Dean, que llegó a finales de 1776 a Paris, donde fueron recibidos por el ministro francés de Asuntos Exteriores, conde de Vergennes, el cual les puso en contacto con el embajador de España ante la corte de Luis XVI.
La ayuda que prestaron después tanto Francia como España al ejército de los líderes de la independencia es perfectamente conocida. Se puede valorar con gran precisión el valor de la ayuda en pertrechos militares, uniformes y la ayuda financiera que el Gobierno de Carlos III hizo llegar a las colonias rebeldes de forma secreta, lo que permitió resistir y vencer al enemigo en la primera etapa del conflicto.
Tras la declaración oficial de la guerra en 1779, las exitosas campañas de Bernardo de Gálvez en ambas orillas del Misisipi y en las plazas fuertes británicas del Golfo de México —coronadas en 1781 por la toma de Pensacola— permitieron bloquear el acceso de la flota inglesa al Golfo de México y al estratégico Canal de las Bahamas. Lo que permitiría al “Ejercito Continental” de George Washington resistir a las tropas inglesas en los estados del norte y eventualmente ganar la decisiva victoria de Yorktown, batalla en la que no intervinieron tropas españolas pero si una importante ayuda financiera que entregó el comisario real Francisco de Saavedra, íntimo amigo y compañero de Gálvez, al almirante francés De Grasse.
Son menos conocidos los entresijos políticos y diplomáticos que se produjeron entre los gobiernos de Francia, España y los representantes de la nueva nación. Para entender la diferencia entre la inmediata respuesta de Francia y la ayuda del Gobierno español, más cautelosa y menos directa, al principio de la contienda resulta imprescindible mencionar el antecedente de la Guerra de los Siete Años que, tras la derrota de Francia y España culminó en la paz de París de 1763.
Por la paz de 1763, España se vio obligada a ceder a Inglaterra la Florida, el fuerte de San Agustín y la bahía de Pensacola, para poder recuperar las plazas ocupadas por los ingleses en Cuba y Filipinas, pero el rey Carlos III pudo mantener el resto de sus dominios en Norteamérica, añadiendo además el territorio de la Luisiana y el puerto de Nueva Orleans, cedidos por Francia como compensación por las pérdidas de guerra por parte de España. En cambio, Francia había perdido prácticamente todos sus territorios en la América septentrional por lo que, cuando los líderes rebeldes propusieron que entrase inmediatamente en la guerra contra Inglaterra, no tenía nada que perder. El gobierno de Carlos III, sin embargo tenía que tomar en consideración los efectos negativos de una ruptura con Inglaterra, por lo que tardó más en declarar la guerra a su enemigo ancestral.
Tanto en la época en que se desarrolló la contienda como en la fase posterior se han buscado las razones por las que algunos líderes de la independencia no mostraron de forma clara su agradecimiento por la ayuda española, lo que después repercutiría en una falta de reconocimiento en la opinión pública del nuevo país.
Entre los factores de la falta de un mayor reconocimiento por parte de los líderes de los Estados Unidos podemos encontrar motivos de tipo objetivo y otros subjetivos que podríamos llamar psicológicos. Entre estos últimos, los prejuicios sobre el legado de España en América que Inglaterra había difundido y que fueron asumidos en gran parte por los líderes de las colonias rebeldes.
Y también que la permanencia de la presencia española en la frontera del río Misisipi suponía un obstáculo a la anhelada expansión del nuevo estado hacia el oeste; por lo que, de un aliado necesario para ganar la guerra contra Inglaterra, España se convertía en un rival y poderoso vecino.
En 1783 le tocó al Conde de Aranda negociar la Paz de París, como plenipotenciario de España con Benjamín Franklin; el conde de Floridablanca, que ya había desautorizado en otras ocasiones a su embajador, no consintió que se discutiera la cuestión de límites ni el derecho exclusivo de navegación por el Misisipi para España. Con lo que estas importantes cuestiones, no resueltas en la negociación de París, se convertirían en la manzana de la discordia entre los dos países. En vano Floridablanca quiso subsanar a posteriori esta omisión mandando al comerciante bilbaíno Diego Gardoqui a negociar con el congreso de los Estados Unidos, sin conseguir sus propósitos.
Otro antecedente de la posible influencia de la doctrina española sobre los enunciados de la Declaración de Independencia y de la Constitución de los Estados Unidos muy poco conocido y reconocido se encuentra en los postulados de la Escuela de Salamanca, que fue la primera que formuló en la Modernidad una doctrina sistemática y coherente de los Derechos Humanos, para exigir respeto político y jurídico a la dignidad del incivilizado y bárbaro, como los injustamente considerados nativos americanos, condenando toda forma esclavizadora de hecho o de derecho.
De hecho, la teoría del buen gobierno se apoyaba en dos conceptos: origen popular del poder y cesión de su gestión por un pacto establecido. A la Escuela de Salamanca se debe el primer concepto de soberanía popular, frente al despotismo, que propiciaría la Ilustración, los salmantinos situaron el poder en el pueblo. La historiografía anglosajona solo ha mencionado la referencia a Locke y la Ilustración, ignorando la Escuela de Salamanca.
Al pasar revista al trasfondo político, diplomático e ideológico de una contienda cuyo desenlace cambiaría los elementos del mundo conocido, me parece esencial mencionar el trasfondo de unos elementos que no suelen aparecer en la mayor parte de los ensayos sobre la ayuda de España a la independencia de los Estados Unidos.








