Este año 2026 los italianos y los amigos de Italia estamos de fiesta. La República cumple 80 años y goza de excelente salud. El 2 de junio de 1946, en una Italia desgarrada por la guerra que había terminado apenas un año antes, se celebraron elecciones a la asamblea constituyente, el primer paso del proceso que desembocaría en la Constitución de 1947, que entró en vigor en 1948. Al mismo tiempo se celebraba también un referéndum para decidir el cambio de una monarquía a una república. Ganó esta segunda opción con más del 54% de los votos.
Esta transformación de Italia marcó el curso del país en la posguerra. Se trataba de una verdadera ruptura con el fascismo y, en este sentido, la democracia italiana se construía sobre el sacrificio y el sufrimiento de las décadas pasadas: el fascismo, la guerra, la fractura civil… Italia miraba hacia el futuro para superar el pasado. Las elecciones y el referéndum simbolizaban ese cambio: era una votación nacional en la que participaban plenamente las mujeres y se podía hablar de una ciudadanía plenamente moderna. La república representaba -y representa hoy- para muchos italianos el inicio de una etapa democrática después del autoritarismo y la contienda mundial y es un símbolo de unidad nacional y participación ciudadana.
Era también un tiempo de búsqueda de la reconciliación y el entendimiento. La República y el orden constitucional nacerían del compromiso entre la democracia cristiana, los socialistas, los comunistas, los liberales y los republicanos. Se trataba de una verdadera apuesta por la reconstrucción nacional sin que nadie pudiese arrogarse el monopolio del patriotismo. En la Italia reconstruida convivirían los derechos individuales, los derechos sociales, el sistema parlamentario y unos límites al poder que habían ido desapareciendo en las décadas precedentes.
“Italia es una República democrática fundada en el trabajo”, reza el artículo 1 de la Constitución aprobada por la Asamblea Constituyente el 22 de diciembre de 1947. El país sería el epicentro de las grandes luchas laborales y sindicales de los años de la Guerra Fría. La dignidad del ser humano, que se realiza en el trabajo, la participación ciudadana y los derechos de los trabajadores estarán en el centro de los debates políticos y sindicales de los años venideros. Hasta hoy, la cuestión social -precariedad, juventud, migración, desigualdad territorial y crisis del Estado social- sigue estando en el corazón de la vida política.
No bastaba declarar que todos los ciudadanos son iguales. El art. 3 obliga a “suprimir los obstáculos de orden económico y social que, limitando de hecho la libertad y la igualdad entre los ciudadanos, impiden el pleno desarrollo de la persona humana y la participación efectiva de todos los trabajadores en la organización política, económica y social del País”. A partir de ahí han de plantearse en Italia las discusiones en torno a las brechas de género, la desigualdad norte-sur o el acceso a la educación, la vivienda y la sanidad.
El orden republicano desconfiará del poder centralizado. Un Parlamento fuerte, un Presidente de la República garante del orden constitucional, un Tribunal Constitucional, la independencia judicial, las autonomías regionales y los procedimientos agravados de reforma darán a la Constitución republicana una enorme solidez.
El sistema republicano italiano representa hoy lo mejor de la tradición jurídica europea posterior a la II Guerra Mundial: el pluralismo, los derechos sociales, la república parlamentaria, el europeísmo, la independencia judicial, el poder limitado y tantas instituciones jurídicas y políticas que dieron al país las condiciones de desarrollo y prosperidad que lo han situado en el 8.º puesto mundial por tamaño de economía nominal y entre las grandes potencias europeas junto a Alemania y Francia.








