Cuando el 20 de junio de 1996 se abrieron las puertas de la Casa Danzante, pocos esperaban que aquella atrevida construcción nueva se convirtiera en uno de los edificios más famosos de la República Checa. Hoy, treinta años después, forma parte de los símbolos de la Praga moderna de forma tan indispensable como sus monumentos históricos.
De estilo deconstructivista, la Casa Danzante, conocida en checo como Tančící dům, está compuesta por dos edificios entrelazados: el primero es una torre de cristal que se estrecha hacia la mitad; el segundo es fácilmente reconocible por sus ventanas no alineadas y sus formas curvas, que contrastan con las casas adyacentes.
Desde hace ya tres décadas, la Casa Danzante es uno de los símbolos más emblemáticos de la arquitectura moderna de Praga. El edificio, obra de los arquitectos Vlado Milunić y Frank Gehry, se construyó en un solar abandonado tras la guerra y, con el paso de los años, pasó de ser un proyecto controvertido que dividía a la opinión pública a convertirse en un icono arquitectónico y un espacio cultural muy popular.
La Casa Danzante se erige en un solar que permaneció sin edificar durante muchas décadas. El edificio de viviendas original quedó destruido durante el bombardeo de Praga en 1945 y el solar de la esquina permaneció vacío durante mucho tiempo. No fue hasta después de 1989 cuando surgió la oportunidad de crear allí algo nuevo: una construcción que reflejara la transformación tanto de la sociedad como de la ciudad.
Fue entonces cuando surgió la idea de una casa que no fuera sólo un relleno del espacio vacío, sino un gesto arquitectónico de una nueva era.
La idea inicial partió de Milunić, quien debatió el aspecto del edificio también con Václav Havel -que por entonces vivía en el barrio y apoyaba la idea de un edificio de gran relevancia cultural-. Posteriormente, se invitó a Gehry, que ya era una figura respetada en el mundo de la arquitectura, a participar en el proyecto.
El resultado fue un edificio formado por dos torres principales: una transmite solidez y estabilidad, mientras que la otra es dinámica y parece “ondular” a simple vista. De ahí proviene precisamente el apodo de “La Casa Danzante”. En el extranjero, el edificio también se conoce a menudo como “Fred and Ginger”, en referencia a la pareja de bailarines Fred Astaire y Ginger Rogers.
En los años noventa, el edificio suscitó acalorados debates. Los detractores alegaban que su forma moderna alteraba el panorama histórico de Praga. Por el contrario, sus defensores afirmaban que la ciudad necesitaba una arquitectura contemporánea que no se limitara a copiar el pasado.
Sin embargo, con el paso del tiempo, la opinión pública ha cambiado. Hoy en día, la Casa Danzante es uno de los edificios más fotografiados de Praga y a menudo se cita como ejemplo de una combinación exitosa entre la arquitectura moderna y el entorno histórico.
Hoy en día, los visitantes pueden encontrar en él un hotel, locales de restauración, una galería, un mirador y oficinas. El edificio acoge regularmente eventos culturales, exposiciones y encuentros sociales. Además, el 30.º aniversario viene acompañado de una exposición especial dedicada a la historia del edificio y a material de archivo inédito hasta la fecha.
Todavía queda mucho “baile” a orillas del río Moldova para este icono emblemático de la preciosa capital checa, Praga, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.