Estamos en época de viajes, y al pensar en un desplazamiento peligroso solemos imaginar tiburones, serpientes o animales salvajes, pero la realidad suele ser bastante menos cinematográfica. Cada año, muchos más viajeros enferman por la picadura de un mosquito, por un golpe de calor o por problemas derivados de la altitud que por encuentros con grandes depredadores.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC) y el Ministerio de Sanidad advierten de que millones de personas viajan cada año a zonas donde las enfermedades transmitidas por mosquitos siguen siendo un importante problema de salud pública. Antes de viajar, conviene acudir a un Centro de Vacunación Internacional para recibir información individualizada, porque el riesgo varía según el país, la zona concreta, la época del año, la duración del viaje, el tipo de estancia y las características de cada viajero.
La malaria, también conocida como paludismo, sigue siendo uno de los principales riesgos sanitarios en muchas regiones tropicales. Según la OMS, provocó alrededor de 282 millones de casos y 610.000 muertes en 2024. Para los viajeros, la prevención se basa en evitar las picaduras y, en algunos destinos, tomar medicación preventiva bajo prescripción médica.
El dengue, transmitido por el mosquito Aedes, se ha expandido por amplias zonas de África, América Latina, el Caribe y el Sudeste Asiático. Ningún país exige actualmente vacunarse para entrar en su territorio y la mejor protección sigue siendo evitar las picaduras. Los mismos mosquitos pueden transmitir también enfermedades como el chikungunya o el zika, esta última especialmente relevante durante el embarazo.
La fiebre amarilla continúa presente en algunas zonas de África y América Latina. Algunos países exigen un certificado internacional de vacunación a determinados viajeros, por lo que conviene revisar siempre los requisitos de entrada antes del viaje. Una sola dosis ofrece protección de por vida en la mayoría de los casos.
Según el destino, también pueden recomendarse vacunas frente a enfermedades como la hepatitis A, la fiebre tifoidea o la rabia.
En algunas regiones de África también pueden producirse brotes de ébola, una enfermedad vírica grave que se transmite por contacto directo con personas o animales infectados. El riesgo para los turistas suele ser muy bajo si se siguen las recomendaciones de las autoridades sanitarias cuando existe un brote activo.
Animales que merecen respeto
En el norte de Australia existen sistemas de alerta por la presencia de cocodrilos marinos y de medusas cubo, entre ellas la avispa de mar (Chironex fleckeri), cuya picadura puede resultar mortal. En África, algunos de los riesgos más conocidos incluyen hipopótamos, elefantes y serpientes venenosas como la mamba negra o la víbora bufadora. En la Amazonía son más habituales las serpientes del género Bothrops, conocidas como jararacas.
Como ya se ha señalado, los incidentes con animales salvajes son poco frecuentes, aunque conviene seguir siempre las indicaciones de guías y autoridades locales.
El clima y el entorno
En las grandes cordilleras del planeta, el mal de altura puede aparecer a partir de los 2.500 metros y provocar desde dolor de cabeza y cansancio hasta complicaciones graves. En estos casos, la recomendación principal es ascender de forma gradual y descender si los síntomas empeoran.
En zonas desérticas como el Valle de la Muerte, en Estados Unidos, o el Sáhara, en el norte de África, las temperaturas pueden superar con facilidad los 45 °C durante el verano, y el principal peligro es un golpe de calor. Sin una hidratación adecuada, descanso y protección frente al calor, la situación puede agravarse con rapidez y llegar a poner en riesgo la vida.
Huracanes, tifones e inundaciones
Elegir bien la fecha del viaje es tan importante como escoger el destino. Entre junio y noviembre, el Caribe y la región atlántica atraviesan la temporada de huracanes, con mayor intensidad entre agosto y octubre. En gran parte del Sudeste Asiático, las lluvias monzónicas suelen concentrarse entre mayo y octubre.
Estos fenómenos pueden provocar inundaciones, alteraciones del transporte y dificultades de acceso a determinados servicios. Además, las inundaciones favorecen la propagación de algunas enfermedades relacionadas con el agua contaminada, como el cólera o la leptospirosis. Aun así, estas épocas no implican necesariamente desaconsejar el viaje, aunque sí exigen una planificación más cuidadosa y el seguimiento de las alertas meteorológicas y sanitarias locales.
La cobertura y asistencia en destino
La distancia hasta el hospital más cercano y la capacidad de respuesta de los servicios de evacuación médica y asistencia consular pueden marcar una gran diferencia.
Las embajadas y consulados pueden prestar orientación y ayuda de emergencia, pero no asumen los costes de hospitalización privada ni de repatriación médica, los cuales recaen íntegramente sobre el seguro de viaje del ciudadano. En algunos países, una hospitalización, un rescate en helicóptero o una evacuación en avión medicalizado pueden generar gastos muy elevados. Por ello, las organizaciones sanitarias recomiendan contratar un seguro adecuado antes de viajar.
En definitiva, los mosquitos causan más problemas que los tiburones, el calor extremo suele ser más peligroso que la fauna salvaje y una buena planificación puede reducir buena parte de las amenazas asociadas a los destinos más exigentes del planeta.
