La adopción del marco europeo de diplomacia científica en mayo de 2026 ha reforzado el papel de las universidades en la cooperación internacional y en la acción exterior de la Unión Europea. EUTOPIA ocupa una posición singular en este ámbito. Integrada por diez universidades europeas, la alianza ha convertido la diplomacia científica en una de sus áreas estratégicas de trabajo y ha contribuido a impulsar el concepto de «diplomacia en la ciencia», un enfoque que sitúa a las universidades y a los investigadores como actores de la cooperación internacional a través de redes académicas y científicas. Conversamos con Eric Piaget, coordinador de diplomacia científica de EUTOPIA e investigador del Instituto de Estudios Comparados sobre Integración Regional de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-CRIS).
– EUTOPIA es la única alianza universitaria europea con un compromiso explícito con la diplomacia científica. ¿En qué consiste este compromiso?
El compromiso de EUTOPIA con la diplomacia científica se basa en la convicción de que las universidades son actores clave de la cooperación internacional. Generan conocimiento sobre desafíos globales, forman a las futuras generaciones, atraen talento internacional y mantienen relaciones de colaboración a largo plazo incluso en contextos políticos complejos. Por ello, EUTOPIA considera que las alianzas universitarias europeas constituyen infraestructuras con un importante potencial diplomático.
Este compromiso se concreta mediante actividades de formación, conferencias y espacios de diálogo que reúnen a la comunidad académica y a los responsables políticos. EUTOPIA busca reforzar el papel de las universidades en la cooperación internacional y promover una comprensión compartida de la diplomacia científica, especialmente a través de la cuarta dimensión de la diplomacia científica («diplomacia en la ciencia»), que considera a las instituciones académicas como actores activos en este ámbito.
En el contexto de la acción internacional de la Unión Europea, el nuevo marco pretende aportar una mayor coherencia estratégica y operativa. Vincula la diplomacia científica con los valores democráticos, los intereses estratégicos, la soberanía tecnológica y de los datos, la cooperación internacional abierta y segura, el asesoramiento científico, la prospectiva, la paz, los derechos humanos, el multilateralismo y los bienes públicos globales. Para EUTOPIA, esto implica integrar la diplomacia científica en la contribución que las universidades realizan a la proyección internacional de Europa.
– ¿Qué aporta esta cuarta dimensión de la diplomacia científica («diplomacia en la ciencia») a las tres dimensiones clásicas («ciencia en la diplomacia, «ciencia para la diplomacia» y «diplomacia para la ciencia»)?
Las tres dimensiones clásicas siguen siendo muy útiles, aunque tienden a situar a los Estados y a la diplomacia formal en el centro del análisis. La «diplomacia en la ciencia», un concepto desarrollado por Luk Van Langenhove y Jean-Claude Burgelman, de la Vrije Universiteit Brussel —universidad fundadora de EUTOPIA—, examina cómo la propia ciencia puede actuar de forma diplomática y cómo las instituciones científicas y académicas pueden proteger el carácter internacional del conocimiento.
A medida que aumenta la fragmentación geopolítica, junto con las preocupaciones sobre la seguridad de la investigación, la desinformación, los discursos anticientíficos y una competencia estratégica cada vez mayor, la ciencia ya no puede dar por sentado que la apertura se defenderá por sí misma. Necesita actores, prácticas e instituciones capaces de preservar el diálogo, la confianza, la libertad académica y la cooperación.
Esta cuarta dimensión considera a los investigadores, las universidades y las alianzas universitarias como embajadores de la ciencia entendida como bien público global. Precisamente este papel fue uno de los ejes de la Conferencia Global de EUTOPIA sobre Diplomacia Científica, centrada en cómo fortalecer la capacidad de la comunidad académica para desarrollar competencias diplomáticas al servicio del conocimiento.
– En esa conferencia surgió una idea especialmente interesante: la movilidad estudiantil y las redes de antiguos alumnos como forma de diplomacia informal. ¿En qué consiste?
La movilidad estudiantil y las redes de antiguos alumnos constituyen formas de diplomacia informal porque crean vínculos duraderos entre personas, instituciones y países. Más allá de la adquisición de conocimientos, los estudiantes que realizan estancias internacionales entran en contacto con sociedades, culturas académicas y formas de pensar diferentes, estableciendo relaciones de confianza que pueden perdurar más allá de los ciclos políticos. Con el tiempo, estos estudiantes contribuyen a crear un tejido social que complementa los canales diplomáticos tradicionales y puede facilitar la comunicación y la cooperación internacional. Es también un ámbito en el que la diplomacia científica y la diplomacia pública se solapan de manera evidente.
Para las universidades, la movilidad es además un instrumento estratégico. Cuando está bien estructurada, contribuye a construir comunidades internacionales en torno a retos compartidos y favorece la cooperación académica e institucional a largo plazo.
– ¿Qué elemento del nuevo marco europeo cambia más el panorama para una alianza como EUTOPIA?
Diría que el cambio más significativo es que la diplomacia científica pasa a concebirse como una agenda europea compartida, en lugar de una colección fragmentada de iniciativas.
La Recomendación del Consejo adoptada el 29 de mayo de 2026 —el mismo día en que organizamos la Conferencia Global de EUTOPIA sobre Diplomacia Científica— proporciona a la Unión Europea su primer marco específico en este ámbito y busca promover acciones estratégicas, operativas y facilitadoras.
Para EUTOPIA, la principal innovación es el reconocimiento de que las universidades y los organismos de investigación forman parte de este ecosistema. Esto permite a las alianzas universitarias desempeñar un papel más activo en la diplomacia científica europea, trasladando los objetivos del nuevo marco a iniciativas concretas de formación, cooperación e intercambio internacional.
– ¿Qué capacidades considera más importantes desarrollar hoy en las universidades: comprensión del contexto diplomático, traducción de la evidencia científica, gestión de alianzas o seguridad de la investigación?
Todas son importantes, aunque las agruparía en tres grandes ámbitos.
El primero es la inteligencia contextual: las universidades necesitan comprender el entorno diplomático, geopolítico y regulatorio en el que se desarrolla la cooperación internacional.
El segundo es la capacidad de traducción: transformar el conocimiento científico en información útil para los responsables políticos y los actores diplomáticos. Esto requiere prospectiva, diálogo entre expertos, capacidad para comunicar la incertidumbre y formación de las futuras generaciones de diplomáticos científicos.
El tercero es la coordinación institucional. La diplomacia científica exige estructuras capaces de conectar relaciones internacionales, investigación, ética, seguridad, comunicación y liderazgo académico, así como una coordinación eficaz entre universidades y entre distintos sistemas nacionales.
En cuanto a la seguridad de la investigación, su importancia es cada vez mayor, aunque no debería entenderse como lo contrario de la apertura. La clave está en ejercer un juicio responsable: saber cuándo promover la cooperación, cuándo establecer salvaguardias, cuándo plantear mejores preguntas y, en ocasiones, cuándo es preferible no seguir adelante.
– En una alianza universitaria, ¿en qué tipos de colaboraciones o decisiones se hace más visible la tensión entre la apertura académica y la protección de intereses estratégicos?
Esta tensión resulta más evidente en colaboraciones relacionadas con tecnologías sensibles, datos, infraestructuras o riesgos geopolíticos, especialmente en áreas como la inteligencia artificial, las tecnologías cuánticas, la ciberseguridad, la biotecnología, el espacio, la energía y las tecnologías de doble uso.
También aparece en la selección de socios. Las universidades deben evaluar si una colaboración puede generar riesgos relacionados con la libertad académica, la protección de datos, la propiedad intelectual, los derechos humanos, la autonomía institucional o la dependencia estratégica. Al mismo tiempo, deben valorar los riesgos que pueden derivarse de restringir la cooperación.
Dentro de una alianza universitaria la cuestión se vuelve aún más compleja, ya que los socios operan bajo marcos regulatorios y sensibilidades políticas diferentes. Lo que una universidad considera un intercambio académico rutinario puede requerir salvaguardias específicas para otra. Por ello, las alianzas necesitan principios y procedimientos compartidos que permitan una cooperación internacional más responsable y sostenible.
– En el actual contexto de crecientes tensiones internacionales, ¿cómo pueden la ciencia y las universidades contribuir al diálogo, la cooperación y la toma de decisiones?
La ciencia puede contribuir porque muchos de los desafíos más importantes de nuestro tiempo son desafíos compartidos: el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la contaminación, las pandemias, la seguridad alimentaria, la inteligencia artificial, las migraciones, la energía o la gobernanza de los bienes comunes globales. Todos ellos requieren conocimiento, confianza y cooperación internacional.
Las universidades contribuyen manteniendo abiertos los canales de diálogo, proporcionando conocimiento independiente, formando a las futuras generaciones y creando espacios donde la cooperación sigue siendo posible incluso en circunstancias políticamente difíciles. También favorecen una mejor toma de decisiones mediante asesoramiento basado en evidencias y una visión de largo plazo.
En un contexto marcado por la desinformación y la polarización, las universidades pueden ayudar a reforzar la confianza pública en la ciencia. Sin embargo, su contribución más importante es también simbólica: recuerdan que el conocimiento tiene una naturaleza intrínsecamente internacional. Ninguna universidad puede cumplir plenamente su misión de forma aislada del mundo.
Si entendemos la diplomacia científica como una forma de conectar sociedades a través del conocimiento, el diálogo y la búsqueda de entendimientos compartidos, las universidades encarnan esa misión. Sin embargo, esa visión de la diplomacia científica ya no puede darse por descontada en una época de profundas transformaciones geopolíticas. Precisamente por ello, las universidades tienen un papel importante que desempeñar en su defensa.
Las opiniones expresadas en esta entrevista pertenecen a Eric Piaget y no representan necesariamente la posición de EUTOPIA ni de sus instituciones miembros.








