Hasta el próximo 30 de agosto, el centro de arte contemporáneo CentroCentro de Madrid (Plaza de Cibeles, 1) presenta la exposición Albino, de todos los terrores, la terrible blancura, de Isabel Gómez Liebre.
Esta exposición se desarrolla a partir de la investigación pictórica en torno al albinismo tomado como territorio de tensión simbólica, política y corporal. Lejos de entender esta mutación como un motivo documental o biológico, el proyecto se aproxima a aquellos cuerpos que la cultura ha situado históricamente en los márgenes de la representación: cuerpos hipervisibles, ambiguos, difíciles de clasificar, atravesados por la fascinación o el temor.
En este sentido, el proyecto dialoga con algunas ideas de Michel Foucault acerca de los cuerpos considerados anómalos y de los mecanismos culturales que otorgan visibilidad, clasificación y diferencia. Lo albino como umbral entre pureza y amenaza, entre lo animal y lo espectral.
De todos los terrores, la terrible blancura (Moby Dick, capítulo 42, Herman Melville, 1851). Esta frase introduce una de las intuiciones centrales del proyecto: la blancura no como símbolo de pureza sino como presencia inquietante, excesiva, casi imposible de atrapar. La ballena blanca concentra el terror más absoluto vinculado precisamente a aquello que desborda el sentido y resiste la clasificación. Esa ambigüedad atraviesa también Albino.
La pieza presenta la imagen de un elefante albino sobre una plancha de metacrilato espejado rosa pálido de dos por tres metros. El soporte no funciona únicamente como tal, sino como parte esencial del dispositivo visual. La superficie reflectante incorpora el cuerpo del espectador dentro de la obra, obligándolo a compartir el espacio de visibilidad del animal representado. La mirada deja entonces de ser exterior o inocente: quien observa queda también expuesto. Introduce además una dimensión orgánica. No se trata de una blancura abstracta o ideal, sino de una blancura atravesada por la carne, por la vulnerabilidad física, por la sensibilidad extrema a la luz de una piel presentada como un órgano expuesto a una luz no neutral, que se vuelve violenta o sacrificial. La obra propone así una experiencia de inestabilidad perceptiva donde imagen, reflejo y presencia se contaminan mutuamente. Albino no busca representar una identidad fija, sino abrir un espacio de interrogación sobre aquello que la cultura ilumina, aparta o convierte en anomalía. Allí donde la piel se vuelve profundidad.
Isabel Gómez Liebre (Madrid, 1961) vive y trabaja en Madrid. Tras su licenciatura en Bellas Artes (Universidad Complutense de Madrid) se enfoca en la dirección y docencia del Atelier de arte Estudio Isabel Gómez en Madrid, fundado en 1999 y en el que continúa trabajando.








