Yo no sé a ustedes, queridos lectores, pero a mí lo de la guerra de Irán, contra Irán o en Irán —pongan la preposición que más les guste— se me parece cada vez más a una conga de estas de ‘un paso atrás y dos adelante’. Y sobre todo, empieza a parecerme una tomadura de pelo, de la que todavía desconocemos las consecuencias definitivas.
Lo que ya sabemos a ciencia cierta es que cada vez que los mercados, las aseguradoras, las navieras y los mortales de a pie pensamos que Washington y Teherán ya han llegado a un acuerdo, volvemos a empezar. Más bombardeos, memorandos dilapidados, acuerdos rotos, amenazas mutuas y esos barcos que estaban empezando a cruzar Ormuz revirtiendo motores a toda máquina para no ser los primeros en comprobar que el bloqueo tiene un componente bélico.
En fin, el caso es que estamos prácticamente en el mismo punto que el 1 de marzo. Anoten el dato: la cotización del petroleo hoy está por debajo de 76 dólares el barril, prácticamente igual que entonces. No hemos avanzado absolutamente nada. Ormuz sigue cerrado, los ataques mutuos continuan, Trump tampoco ha devuelto a Irán a la Edad Media, sus amigo y yernos siguen sacando beneficios en Bolsa de lo que va a ocurrir en el terreno, y Netanyahu vuelve a tener las manos libres —nunca las tuvo atadas— para seguir arrasando Líbano y Gaza a pocos meses de las elecciones. Es el único gran beneficiado de esta guerra. “Su” guerra.
En España tambien tenemos “nuestra” guerra. Más incruenta, eso sí. Es nuestra guerra política de cada día. Pero esta semana ocurrirá algo que hará un poco más feliz al Gobierno de Pedro Sanchez, aunque no le librará de las críticas. Mañana, martes 14 de julio, se firmará el Tratado de Gibraltar —para ser más exactos el “Acuerdo con respecto a Gibraltar entre la Unión Europea y la Comunidad Europea de la Energía Atómica, por una parte, y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, por otra”—.
Supongo que los que se perdieran el capítulo anterior, se estarán preguntando dónde está España en ese título tan largo donde cabe medio mundo. Pues no está. Cabe medio mundo, menos España porque en realidad el acuerdo no es de España con el Reino Unido, ni siquiera de España y la Unión Europea con el Reino Unido, sino sólo de la Unión Europea con el Reino Unido.
Aclarado quiénes son los firmantes, se comprende por qué faltan detalles importantes en el texto. Ya lo comentamos en su momento. No hay ningún compromiso, ni pacto, ni alusiones medianamente sólidas al desarrollo económico del Campo de Gibraltar y a otras cuantas cosas que afectan a España pero que, en realidad, a los burócratas comunitarios les importan tres coles… de Bruselas. Es normal. Quizá de ahí viene la visita que Sánchez y Albares harán el próximo día 15 a La Línea.
Lo importante es que por fin habrá acuerdo sobre Gibraltar, lo que hará muy feliz al Gobierno y al ministro Albares, que ya intentó colgarse la medalla cuando se anunció el acuerdo (en junio del año pasado) y también cuando se hizo público el texto (el pasado mes de febrero). Hubo incluso apretones de manos y momentos de amistad eterna en los que se deslizaba un mayestático “nosotros” siempre que se podía.
La cuestión es si volverá a haberlos mañana, en la firma oficial del Acuerdo. Se dice en algunos medios que Albares asistirá al acto formal en Bruselas, alineado con el ministro principal de Gibraltar, Fabian Picardo, que tampoco ha sido parte en los debates del acuerdo, pero seguro que ha influido mucho más sobre el equipo negociador británico que el Gobierno español sobre la parte europea. Veremos.
Mientras, donde tienen previsto personarse tanto Sánchez como Albares es en La Línea al día siguiente, el miércoles 15, para asistir al acto institucional de demolición de la Verja. Se supone que en ese acto el presidente del Gobierno debería anunciar algo importante, aparte de las habituales declaraciones institucionales, pero sólo hay noticias de que Albares se reunirá con los alcaldes de la zona para “implicar directamente a las instituciones”, según cuenta el diario EuropaSur.
Me pregunto por qué no se “implicó” antes a los regidores de una comarca que durante años pidió a gritos, y sin éxito, que la “implicasen”. Pero, como agua pasada no mueve molino, si Pedro Sánchez piensa hacer algún anuncio para el Campo de Gibraltar, yo me conformaría con que lo firme por escrito allí mismo.
